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A los padrazos (me tenéis hartita)


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Resulta que hay un puñadito de hombres columnistas que ha descubierto, de repente, la paternidad. Algunos, oh, sorpresa, la descubren después de separarse. Esto de escribir columnas es una pequeña putada, porque vamos a ver de qué puñetas escribo hoy. Es justo lo que me pasa ahora, con esto que leéis. Ay, los padrazos. A nosotras nos ha costado varias generaciones y muchas peleas poder contar que somos felices cuando los niños empiezan en el colegio. Cuando se van a dónde sea, a dormir a casa de un amigo, de excursión, yo qué sé, todo va bien. Hemos contado, desde hace relativamente pocos años, la lucha interna por quererlos tanto y tener esa necesidad constante de ellos y a la vez anhelar perderlos de vista. Si algo sabemos las madres es que, cuando lo dices, aunque sea una chorrada, siempre tienes miradas, comentarios de mujer desnaturalizada. Eso nos sucede al mismo tiempo que vivimos esa locura, porque es una locura parir y al mes o los dos meses ir al supermercado por primera vez sin tu bebé y, aunque lo necesitas, sientes que te falta una pierna o un brazo. Luchar contra eso es muy jodido, pero lo hacemos sin que nadie nos aplauda nunca. Cuando contamos, ay, es que estoy agotada, agotada de verdad, como nunca en la vida, porque ese bebé mío me chupa literalmente la existencia… Cuando cuentas eso, lo primero que te dicen, que me dijeron, es: «¿Qué creías que era ser madre?». Mientras tanto, ellos cambian un pañal y ganan de forma automática el oro olímpico de la paternidad. Esto que cuento ocurre con los buenos y con los malos padres. Tienen ese handicap desde la salida. Yo lo entiendo, en serio, acepto que vivimos en ese caldito. Lo que no acepto ni aceptaré nunca es a esos hombres que lo alimentan porque ya les va bien. Saben perfectamente que el primer sacrificio viene de nosotras, pero claro, ellos cambian un pu*o pañal. Lo del paquete es una hipérbole, algunos ahora hacen mucho más. Claro. Es bonito que quieras, como padre, llevar a tus hijos al colegio y digas, ay, lo necesitaba. Es bonito que quieras hacer cosas con ellos. Pero no iguales el escenario con las madres, eso es mentira. Aún no conozco a ni uno que haya dicho algo así y le hayan respondido qué mal padre eres. No. No cuela.

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