Al Atlético se le encoge el muro

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Del manojo de virtudes con el que Diego Pablo Simeone vistió a su Atlético de Madrid desde su desembarco a orillas del Manzanares en 2011, pocas lucieron mejor que su estoica defensa del área. En el periodo transcurrido entre entonces y el techo de su proyecto rojiblanco, el que tocó en 2014 al ganar la Liga y morir a segundos de proclamarse campeón de Europa, visitar sus dominios fue una tarea tan desagradable como poco probable, toda vez que los Courtois, Godín, Miranda o Tiago erigieron sobre ella la principal fortaleza del grupo, aquella que les permitió hacer de la intensidad visceral de los primeros minutos la vía más corta hacia el gol tempranero y, con él, la victoria. Poco queda hoy de aquel equipo de época. La marcha de buena parte de los baluartes de entonces, unida al cambio de paradigma que el triunfo inoculó en el plantel dirigido por el técnico bonaerense, paradójico hasta el punto de que aquel coliseo amurallado que fue el Calderón ha dejado paso al aún inánime Metropolitano, ha devenido, entre otras cosas, en que una virtud troncal de entonces sea hoy una flaqueza estructural. Las cifras son diáfanas: los nueve goles recibidos en lo que va de curso por los atléticos en Liga y Champions League vinieron tras un centro lateral. Siete, de cabeza. Stuani por partida doble, Calleri, Raúl García, Morata, Batshuayi, Luis Suárez, Bacca y Míchel, los culpables. Claro que recoger nueve veces el balón de la portería propia en catorce encuentros, con rivales como Barcelona o Chelsea habiendo firmado en el libro de visitas rojiblanco, evidencian que la defensa sigue siendo uno de los puntos de apoyo del proyecto de Simeone: no se imagina un equipo con su sello sin esta prioridad. Ahora bien, lo está siendo por vías muy distintas a las de antaño. Por ejemplo, la que dicta Jan Oblak, un virtuoso bajo los palos que está dando puntos a su equipo cuando no tocan, pero en el que al mismo tiempo sus 24 años aún no le han permitido desarrollar una cualidad que sí tenía Thibaut Courtois: el dominio del área. Es cierto que lo del arquero belga fue algo paranormal, hasta el punto de descolgar balones de la misma frontal del área, como también que el esloveno ha mejorado en esta faceta, pero aún no ha sabido pesar a favor de su equipo. Similar relevancia tuvo la marcha de Miranda, referencia planetaria en la lid del cabezazo expeditivo. Su relevo, un Savic fresco en la anticipación a campo descubierto pero frágil en el cuerpeo cuando la zaga se recoge, no está ayudando a que la bancada rojiblanca olvide al brasileño. Tampoco el momento de Godín, que con el paso de los partidos parece ir dejando atrás los días en que se erigió referencia en la posición, ni el de los laterales, especialmente Juanfran. Tratándose seguramente del deporte donde el colectivo siempre pese más que la individualidad, impera buscar una respuesta más allá de las mismas. En este caso, la matización que Simeone lleva pretendiendo instaurar en su equipo desde el año pasado, en busca de un escenario que permita vivir al Atlético de Madrid más tiempo con la pelota. Ello ha derivado en que las bandas, donde antes había un Arda Turan o un Koke que ahogaban al poseedor que colindaba la línea de cal, ahora asoman perfiles de corte distinto. Más aún: cuando Koke juega en banda, su actividad defensiva queda sujeta por las ayudas a los mediocentros en detrimento de su lateral, lo cual obedece a otra de las bajas más relevantes para el plan de Simeone, la de Tiago. Sin pivote al uso, con Augusto en la enfermería y Gabi, Saúl o Thomas ejerciendo rotándose el parche, los potentes mecanismos defensivos del Atlético se caen. Una puerta abierta para el Madrid Mañana confrontarán este Atlético y el equipo más centrador del campeonato. El bache de fútbol y resultados que asola al Real Madrid ha derivado en que, como viene sucediendo desde que Zidane tomase el cargo, los centros al área sean la respuesta instintiva del colectivo frente a la adversidad. No es ninguna novedad que la pasada temporada la zurda de James y la puntualidad en el remate de Morata permitieron al equipo blanco respirar cuando la corbata apretaba el cuello, más aún que su principal amenaza en estas lides, Ronaldo, sigue pendiente de aterrizar en la competición doméstica y que el balón parado ya no encumbra a Ramos como héroe cotidiano. De cómo resuelva el Atlético sus desajustes en esta materia y cómo los aproveche un Madrid que, como mínimo, impondrá alta frecuencia a sus exámenes a la defensa local, podría depender buena parte del resultado de este derbi madrileño.

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