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Así es conducir un coche del Dakar

Escrito por el marzo 20, 2022

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Conducir un coche de competición es un ejercicio de finura. Puede que no lo parezca en la primera impresión, cuando el motor ruge a decibelios atronadores, cuando las marchas engranan con un sonoro chasquido o cuando los frenos atacan con fuerza para intentar controlar la mole que se mueve con soltura por el barro.

Conducir un coche de competición es como domar un caballo salvaje. No hay lugar para las inseguridades, dudar un segundo puede traducirse en que las ruedas tractoras, las traseras, pierdan el agarre y se haga un trompo en una curva de barro.

Conducir un coche de competición es un trabajo de equilibrio, buscando el punto en el que un derrape sea lo suficientemente controlado como para no perder velocidad en el circuito, un simple óvalo de tierra empapada en mitad de Castilla y León.

Son ajustes de precisión, con botones que ajustan la presión de las ruedas en función de la resistencia del terreno. Es contar con un ordenador de a bordo capaz de medir la temperatura del aceite. Y, cuando se trata de un coche del Dakar, se trata de empaparte de lodo, mucho lodo.

Es duro. Entrar en el vehículo es difícil, estrecho, rígido. El arnés impide que te muevas un centímetro, y necesitas hacerlo porque la esquina superior del parabrisas está impracticable e impide ver la dirección de la siguiente curva. Es un ejercicio de fe. Es orientarse en el desierto. Es rezar por que hayas tomado la dirección correcta con la potencia correcta en el momento correcto.

Es físico. Es golpear tus rodillas con el chasis. Es luchar contra un volante que quiere ser libre. Es soportar baches y golpes en la cabeza. Es darte cuenta de que, en realidad, no sabes lo que estás haciendo en un entorno controlado.

Es encontrar el respeto redoblado por los que realmente lo hacen de manera profesional, intentando recortar décimas de segundo del marcador, como el equipo Astara, que compitió con estos modelos en el Dakar de 2022 de Arabia Saudí.

Neutros en carbono
No se trató solo de correrlo, sino que fueron a romper récords. Astara volvió a España siendo el único equipo del rally con una huella de carbono neutra. Parte de ello se debe a que sus modelos se propulsaron con e-fuel, un compuesto de biocombustible con un mínimo de un 70% de procedencia sostenible.

Según los organizadores, consiguieron hacer ajustes a la fórmula que les permitió hacerse con un ahorro de 7,73 toneladas de CO2, ganando prestaciones, como más par, a costa de sacrificar un 10% de potencia y un 6% de consumo.

Para contrarrestar el resto de CO2 que supuso participar en el Dakar, más allá de los propios Concept 01 que corrieron, el importador de vehículos invirtió en proyectos de reforestación en el Amazonas —concretamente, la región Madre de Dios en Perú—, así como en Madrid.

De cara al futuro, otros equipos del Dakar, que se ha marcado el objetivo de ser más sostenible de cara al futuro, han acudido a ellos para ver cómo pueden implementar soluciones de propulsión similares en sus propios vehículos.


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