Belkis Ayón, la artista cubana que ‘se infiltró’ en una sociedad secreta para hombres

Escrito por el noviembre 16, 2021

El arte cubano ha emprendido su propia revolución contra el régimen castrista, harto de tanta censura y falta de libertad. Belkis Ayón (La Habana, 1967-1999) pertenece a una generación de artistas en la que están nombres como Tania Bruguera –reciente premio Velázquez– o Los Carpinteros, pero su corta aunque intensa carrera se truncó inesperadamente: la artista acabó con su vida de un disparo a los 32 años. «Fue una vida fugaz y fulgurante», advierte Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía, que le dedica su primera retrospectiva en Europa. Reúne, hasta el 18 de abril de 2022, 84 obras, realizadas entre 1986 y 1999, incluyendo obras inéditas, como tres matrices que se exhiben por primera vez, y tres obras en cerámica que realizó para la Bienal de Venecia de 1993.

Obras de Belkis Ayón en la exposición

MUSEO REINA SOFÍA
El trabajo de Ayón está marcado, especialmente, por dos hechos. Por un lado, la sociedad secreta Abakuá, original de la actual Nigeria, que llevaron a Cuba los esclavos africanos a principios del siglo XIX y cuyas leyendas se difundieron oralmente. Una hermética y misteriosa hermandad creada por hombres y solo para hombres, en la que la mujer está vetada y que aún hoy sigue en activo. Este grupo religioso también funciona como sociedad de apoyo a los más desfavorecidos de la sociedad. Ayón reinterpreta este mito y sus rituales con una poderosa iconografía no para perpetuarlo, sino para transgredirlo: le permite abordar asuntos como la agonía, la angustia, la soledad, el miedo, el desasosiego… La princesa-diosa Sikán, que es sacrificada por los hombres de esta comunidad secreta, es considerada un ‘alter ego’ de Belkis Ayón. Las figuras en muchos casos semejan a la propia artista.

Por otro lado, sorprende que escogiera el grabado, no muy usado por los artistas contemporáneos, y menos en el Caribe, donde la humedad no es buena amiga del papel. Y, concretamente, las colografías, que Ayón comienza a utilizar en 1988. Esta técnica, que llevó a niveles inusuales y en la que alzanzó una gran maestría, funciona pegando diversos materiales a una plancha, normalmente de cartón, como si fuera un collage, lo que le permitía conseguir infinidad de formas, volúmenes y texturas y superar la bidimensionalidad del grabado. La silueta, especialmente femenina, es omnipresente en su trabajo.

Obras de Belkis Ayón en la exposición

MUSEO REINA SOFÍA
Fue abandonando el color de su primera etapa para centrarse en los grises y el blanco y negro. En los años 90 realiza colografías de gran formato para acabar a partir del 97 con colografías en forma de tondos. Las ediciones de sus grabados oscilan entre los 6 y los 10 ejemplares. Tiene obra en museos como el MoMA, la Tate o el Nacional de Bellas Artes de La Habana. Su cotización,en torno a 55.000 dólares una obra de tamaño medio. Se ocupa de gestionar su legado el Estate Belkis Ayón. Su hermana Katia murió hace dos años y ahora está al frente de él su cuñado Ernesto.

Cristina Vives, comisaria y amiga de Belkis Ayón, dice que ésta «construyó un discurso universal contra la marginalidad, la frustración, el miedo, la censura, la intolerancia, la violencia, la impotencia y la falta de libertad». Y lo hizo con un trabajo que «emana, en apariencia, religiosidad, mitología y misterio», pero siempre camuflando los verdaderos intereses de la artista: «Su obra es más política de lo que parece». Las claves de su muerte, dice, «siguen siendo una incógnita para la comunidad artística que admiró su ascenso a los circuitos del arte más exigentes».

Obras de Belkis Ayón en la exposición

MUSEO REINA SOFÍA
Recuerda que desde 1988 y en los 90 «se produjo un colapso del socialismo europeo, que produjo en Cuba una crisis profundísima, no solo económica, sino también de valores. Un sistema de valores que caía abruptamente». Más allá de analizar su obra en función de los conflictos raciales, religiosos y de género, Vives destaca la «posición cívica y ética» de Belkis Ayón, así como de casi todos los artistas de su generación, con los que convivió. Estos se vieron obligados a camuflar su discurso tras las técnicas y narrativas de sus obras para no tener problemas con la censura en la isla.


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