Baloncesto

Para unirse al CSKA, en el verano de 2020, Toko Shengelia tuvo que cruzar la frontera entre Georgia y Rusia a pie. El coronavirus y las malas relaciones entre los dos países hicieron que el pívot realizara un viaje estrambótico para alcanzar su destino. Condujo durante horas hasta el punto de su país más cercano a la frontera, caminó luego bajo la lluvia durante dos kilómetros y cruzó la línea divisoria con Rusia, donde unos operarios del club le estaban esperando para llevarle a Moscú.

El fichaje del jugador por el CSKA se había convertido en una cuestión de estado en Georgia, cuyas relaciones diplomáticas con Rusia están lejos de ser las mejores. La presidenta del país declaró entonces que su traspaso al club ruso era «desafortunado y una decepción», pero el pívot tenía un as bajo la manga. Una cláusula en su contrato con la que demostraría el amor total a su país. Como condición para firmar, Shengelia pidió al CSKA que debía liberarle para disputar las ventanas de clasificación con su selección. Exigencia inaudita en el baloncesto europeo y que el conjunto ruso aceptó con tal de asegurarse el fichaje de uno de los mejores jugadores del continente. Un punto de inflexión en el baloncesto europeo, donde la gran mayoría de las estrellas siguen priorizando la competición con sus clubes en lugar de acudir a las convocatorias de sus selecciones nacionales. «Mi primer sueño, antes incluso de ir a la NBA, siempre fue jugar para mi país. Mi motivación siempre ha sido esta, desde que era un niño. Por eso, estar aquí estos días es tan importante para mí», admitía el jugador el pasado viernes, jornada en la que quedó demostrado su compromiso con su presencia ante Ucrania. 33 minutos de juego (16 puntos y 13 rebotes) solo dos días después de haber disputado un duelo con el CSKA ante el Bayern.

El conflicto abierto entre la FIBA y la Euroliga por el sistema de clasificación para los grandes torneos de selecciones sigue abierto. No están en las ventanas los mejores jugadores, algunos porque juegan en la NBA y otros porque lo hacen en equipos inmersos en la Euroliga. La coincidencia de fechas y la falta de acuerdo entre los diferentes organismos provocó hace ya más de dos años un cisma que continúa latente y que ha dejado huérfanas de sus mejores talentos a casi todas las selecciones. Los jugadores, en el medio de la diana, son los que más sufren con esta guerra, pues se ven obligados a renunciar al equipo nacional en favor de sus clubes. El negocio por encima de los sentimientos.

Un rival peligroso
No es el caso de Shengelia, que esta noche (20.30 horas, Teledeporte) estará sobre la cancha del Olivo Arena para enfrentarse a España. Un problema mayúsculo para Scariolo, que deberá hacer frente al que seguramente sea el mejor juego interior de toda la clasificación para el Mundial. «El caso de Shengelia es muy específico. Él ha elegido su selección, incluso, contractualmente y para nosotros va a ser un rival durísimo», explicaba el seleccionador en Macedonia del Norte, donde España se estrenó en el camino hacia el Mundial 2023 con victoria el pasado viernes.

Esta noche, ante Georgia, no resultará tan sencillo. Acompañando a Toko, estarán también Shermadini y Burjanadze, «un trío interior muy poderoso», como califica Scariolo, ante el que España deberá «trabajar mucho para desactivarlo». A ellos tres se une el nacionalizado McFadden, jugador del UCAM Murcia que le hizo 27 puntos a Ucrania. «Es un jugador que, por sí solo, puede ganar un partido por su facilidad anotadora», reconocía Scariolo, consciente de que la misión de derrotar a Georgia hoy será muy complicada.

Una llamada mientras realizaba el Camino de Santiago le puso en alerta. «Carlos, te necesitamos». Al otro lado del teléfono sonaba la voz de Jorge Garbajosa, que en esa primera toma de contacto le explicó que había pensado en él para retomar la labor que él mismo había desempeñado durante años en el equipo nacional y que había quedado desierta desde que se había convertido en presidente de la federación. «En aquel momento me pilló un poco desprevenido, pero la llamada me hizo mucha ilusión. Me contó un poco por encima lo que quería de mí, pero no fue hasta hace un mes cuando concretamos un poco», explica a ABC Carlos Jiménez, nuevo ‘Team Manager’ de la selección.

El que fuera capitán del equipo nacional durante años, encargado de levantar la primera Copa del Mundo en 2006, es ahora el enlace entre la presidencia y el vestuario, pero también el jefe de expedición y nuevo embajador del equipo. Un chico para todo que vive esta etapa feliz tras dos años y medio alejado de la canasta. «La verdad es que me hacía falta darme ese aire. Después de tanto tiempo ligado al baloncesto –tras colgar las botas en 2012 siguió en el organigrama deportivo del Unicaja– quería explorar otros caminos y he aprovechado el tiempo para hacerlo. He viajado con los amigos, he disfrutado de la familia y de mis hijos y me he dado cuenta de todo lo que me rodeaba y de lo que no era consciente por estar tan metido en la rueda del baloncesto». Sus palabras suenan a liberación y a recarga de energía. La que le hacía falta para aceptar este nuevo reto en lo que supone su vuelta a la Federación. «Esta es mi casa y volver es lo mejor que me podía pasar en este momento», apunta el exjugador, leyenda de la selección con el oro en el Mundial 2006, la plata olímpica de Pekín 2008 y sus cuatro medallas en el Europeo (tres platas y un bronce).

«Los valores que yo recibí en su momento son algo que hay que transmitir a los nuevos en el vestuario»

Una de sus primeras tareas como responsable del equipo fue comunicar la convocatoria a los elegidos para esta ventana de clasificación para el Mundial 2023. «Para mí fue una alegría ver la sensación que provocas al otro lado del teléfono cuando un jugador recibe esa llamada. Pude notar el compromiso de todos ellos desde el primer momento». Una llamada plena de anécdotas, pues la mayoría de jugadores aún no tenían guardado su teléfono y alguno de los jóvenes no tenía muy claro quién era ese Carlos Jiménez que estaba al otro lado de la línea. «Tengo un nombre muy común y, claro, alguno no se acordaba de mí o no sabía ni quién era… (se ríe). Tenía que apostillar que llamaba de la Federación, pero a todos les noté muy ilusionados. Seguro que a partir de ahora será mucho más fácil», reconoce.

Viajes a la NBA
Anécdotas en un camino que comienza y que afronta con mucha ilusión. Entre sus funciones estará la de mantener la esencia del vestuario, esa que ha perpetuado los éxitos desde su época hasta la actualidad. «No estoy aquí para ser un inquisidor, pero sí que velaré porque la filosofía de la ‘Familia’ siga viva entre los jóvenes. Por eso estoy tan cerca del grupo. Ese recorrido que yo viví, los valores que recibí y que aprendí en su momento es algo que hay que transmitir a los nuevos. Eso y el significado que tiene vestir la camiseta de España, el compromiso que emana de ese orgullo y lo que representa».

«No hay que convencer a nadie para que venga a la selección. Que te llamen es ya una alegría y el que no quiera estar, no estará»

Sentado en una silla, a pie de pista, Jiménez siguió esta semana los entrenamientos del equipo con el interés de un recién llegado. Fue en Guadalajara, cuartel general del equipo durante su preparación, donde pudo verse finalmente con Jorge Garbajosa, pues todas las conversaciones anteriores las habían tenido por teléfono. En esa toma de contacto del lunes pasado se cimentaron las funciones de un cargo lleno de peso que es el mismo que podría ocupar Laia Palau en la selección femenina cuando se retire al final de la temporada. Luego, Jiménez viajó como jefe de expedición a Macedonia del Norte, donde España ganó con contundencia, y el exjugador espera ya en Jaén junto al equipo el duelo clave ante Georgia de mañana lunes.

Además de estar cerca del equipo durante las concentraciones, Jiménez tiene previsto realizar un seguimiento de los españoles durante la temporada. «Mi idea es verme con los jugadores en la NBA. Quiero conocer de primera mano cómo se encuentran y su disponibilidad. Convencer no creo que haya que convencer a nadie para que venga a la selección. Recibir esa llamada es siempre una buena noticia y el que no quiera estar aquí, no estará. Venir sin compromiso es una pérdida de tiempo para todos, para el que viene y para los que estamos aquí», apunta con rotundidad, ejerciendo un cargo que volverá a tenerle muchos días fuera de casa. Eso es lo que peor lleva, pues se había acostumbrado ya a vivir de cerca el día a día de su familia. Peaje que pagará con gusto, ya que esta nueva aventura con el equipo nacional es un regalo.

Willy Hernangómez contribuyó la pasada madrugada al triunfo de New Orleans Pelicans en casa de Utah Jazz (97-98), en el que fue su cuarto partido consecutivo en la cancha y el tercero con un notable protagonismo.

Con este resultado ante uno de los equipos fuertes del Oeste, al que remontaron una diferencia de 11 puntos y superaron en un apretado final con un tiro de Devonte' Graham, los de Luisiana (5-16) enlazan su segunda victoria consecutiva y toman impulso para tratar de salir de los puestos bajos de la misma conferencia.

En solo 18 minutos en la cancha, el madrileño Willy Hernangómez destacó para contribuir con 13 puntos -6 de 9 tiros de campo, incluido un triple-, 8 rebotes y 5 asistencias, aprovechando la renovada confianza que le está ofreciendo Willie Green.

«Fue un gran partido para nosotros. Competimos durante 48 minutos, luchamos, todos estaban listos para jugar, todo el mundo hizo un gran trabajo. Fue un gran partido para nosotros porque nos demuestra lo que podemos ser. Ahora tenemos que ser listos y descansar para mañana», señaló el español tras el duelo.

El base del Barça Nick Calathes estará unas seis semanas de baja después de las pruebas realizadas este viernes, que confirmaron una fractura proximal del peroné izquierdo.

El cuadro culé anunció la lesión de su director de juego estrella poco antes del partido de Euroliga ante el Zalgiris en el Palau Blaugrana, el cual se saldó con un gran triunfo local (96-73).

A través de su cuenta de Twitter, el Barça explicó que Calathes tiene una «fractura proximal del peroné izquierdo», lesión que sufrió la pasada semana ante el CSKA, y que estará de baja «aproximadamente seis semanas».

La baja obligará a Jasikevicius a darle más protagonismo a sus otros dos bases. Por una parte, Laprovittola será el que asuma el mando titular, con el joven Jokubaitis siendo su escudero.

España fue muy superior en Skopje y firmó una contundente victoria frente a Macedonia del Norte en el primer partido clasificatorio para el Mundial de 2023. Ausentes las grandes estrellas, que por calendario no pueden acudir nunca a las ventanas FIBA, Scariolo se encomendó una vez más a las jóvenes promesas y a los curtidos veteranos, y estos no fallaron. La selección se fue entonando con el paso de los minutos gracias a la muñeca de López-Arostegui (15 puntos) y a la eficacia interior de Yankuba Sima, máximo anotador de España (17) en su estreno como linternacional absoluto. El entrenador nacional aprovechó la plácida tarde (España llegó a ganar de 31 puntos) para hacer rotaciones, pues mañana llegará a Jaén la rocosa Georgia de Shermadini, el gran rival en esta fase de clasificación.

Empezó frío el partido en Skopje, capital de Macedonia, con las muñecas poco engrasadas y las piernas algo pesadas en ambos equipos. Las ventanas FIBA son todo un desafío para entrenadores y jugadores. Es un maratón, no un esprint. Los locales, en el inicio del duelo, honraban la tradición del Este de Europa, con mucho tiro exterior, y España buscaba la supremacía interior de Fran Guerra y la inteligencia de Quino Colom, veterano campeón en el que España busca liderazgo para estos complicados compromisos. Sima, debutante y de envidiable físico, martilleaba la zona con frecuencia mientras los de Scariolo sacaban cierta ventaja pese a la resistencia local. Pese a la evidente falta de ritmo y con la defensa in crescendo, España salió airosa del primer cuarto (14-21).

La nueva generación española, esa que asoma tras las marchas de los grandes mitos, anda a la espera de que el talento florezca de forma definitiva. Haberlo lo hay, como el de López-Arostegui, Darío Brizuela o Jonathan Barreiro entre otros, y mientras esas virtudes se consolidan, la selección muestra trabajo para salir airoso de duelos como el de Skopje. Laboriosa empresa que, poco a poco, hacía a los de Scariolo ganar ventaja mientras Macedonia se estrellaba una y otra vez contra la defensa visitante, con tiros cada vez más forzados y con menos ideas. El técnico italiano también tiraba de probaturas en el quinteto, en busca de esa fórmula ganadora que con seguridad hará falta el domingo contra la dura Georgia, gran rival en esta ventana de clasificación para el Mundial de 2023. Hubo canasta sobre la bocina de Pradilla tras una buena transición, acción que cerró el primer tiempo (30-41), con una España seria, tan joven como veterana y con ganas de demostrar su valía.

Se descorchó la eficacia en la segunda parte. Triples abiertos, puertas atrás, mates… La selección mostraba músculo y Macedonia se desinflaba. López-Arostegui y su muñeca brillaban (15 puntos) mientras Sima seguía sembrando temor en la zona (17). La segunda parte fue un paseo, no sin mérito pues España mereció cada punto anotado, pero un paseo al fin y al cabo del que sacar pocas conclusiones. En el tercer cuarto se llegó a ganar de 31 puntos, un oasis en el que disfrutar, ganarse el puesto y ahorrar energías para el domingo, una prueba en la que realmente se medirá el poso de esta manada, que tiene la difícil y excitante misión de llevar a España hasta el Mundial.

LeBron James, además de por su juego, es noticia en las últimas fechas por asuntos que no pertenecen estrictamente al ámbito baloncestístico. El jugador fue sancionado con un partido y más de 250.000 euros por propinarle el domingo un codazo al pívot de los Detroit Pistons Isaiah Stewart. Tras cumplir castigo, el alero volvió a jugar con Los Angeles Lakers ayer y, además de unas gran actuación (39 puntos) contra los Indiana Pacers, James protagonizó una de las escenas de la noche al encararse con dos aficionados locales, que acabaron expulsados del pabellón.

Un día después ya se conoce lo que le dijeron los hinchas de los Pacers, sentados en primera fila, a la estrella de los Lakers. Según medios estadounidenses, una mujer y hombre comenzaron a ensañarse con el alero durante la prórroga del partido (victoria final para los angelinos por 124-116), donde este metió 8 puntos en los últimos cinco minutos de encuentro. Primero, uno de los dos aficionados implicados comenzó a gritarle que ojalá se contagiara con coronavirus mientras escupía en un vaso.

Sin embargo fue lo que dijo la mujer que estaba a su lado lo que hizo que el partido se detuviese. Según varios testigos, esta le gritó a LeBron que «ojalá tu hijo se muera en un accidente de coche mañana». Esta fue la frase que provocó que el de los Lakers avisara al árbitro, quien tras detener el partido expulsó a los dos aficionados de los Pacers. La mujer abandonó el pabellón haciendo gestos de 'llorón' a James.

Tras el duelo y ya con los ánimos un poco más calmados, James, en rueda de prensa, fue preguntado por el asunto: «Hay una diferencia entre apoyar a tu equipo y cruzar una línea con gestos y palabras, cosas que yo no le diría a un aficionado y que ellos no deberían decirle a un jugador».

Casi todo en la vida deportiva de Marc Gasol ha escapado a la lógica, pero este final en Girona
para jugar en la LEB Oro y en el equipo que fundó él mismo en 2014 es quizá lo único esperado y deseado de verdad por el pívot. «Siempre tuve claro que quería acabar aquí mi carrera. Por eso, cuando volví de los Juegos y supe que quería seguir dedicándome al baloncesto no hubo más opciones para mí», reconocía ayer el pívot, que podría debutar con el Bàsquet Girona el próximo 3 de diciembre ante el Peñas Huesca.

A sus 36 años, cansado de la exigencia de la NBA y de perderse en parte la infancia de sus hijos, el catalán decidió cortar de raíz el pasado verano. Dijo adiós a la selección tras los Juegos y se despidió también de la liga americana. Dejó en el aire su futuro, aunque él siempre había declarado que quería acabar su carrera en Gerona, la ciudad que le acogió cuando su vida deportiva naufragaba. Allí, donde hace siete años fundó una escuela de baloncesto con su nombre, es donde el pívot jugará sus últimos partidos. Un campeón del mundo y de la NBA al que no le asusta bajar al barro para devolver al Girona a la ACB.

«Me ha movido un sentimiento, un sueño que hace tiempo que tengo. Siempre he tenido un vínculo especial con Girona», señaló el jugador, rodeado de su familia, amigos y multitud de aficionados en Fontajau. Era un secreto a voces que el propio Marc se había encargado de deslizar ya en los últimos días. Un anhelo de juventud hecho realidad que le llevará a jugar en pabellones muy distintos a los que estaba acostumbrado a visitar en la NBA. Los recintos donde se juega la LEB Oro, la segunda división del baloncesto nacional, no cuentan con asientos VIP ni hay estrellas de Hollywood a pie de pista y los viajes no se hacen en avión privado ni se duerme en hoteles de cinco estrellas, pero a Marc eso le da igual. Ha podido el sentimiento de volver a casa y devolver a la ciudad todo lo que le dio en las dos temporadas que pasó allí.

Este nuevo mundo le devolverá a aquel pasado en la ACB, cuando casi nadie confiaba en él y tenía que cargar con el sambenito de ser el hermano de Pau. Ahora, con un anillo de la NBA y dos Mundiales con España en su espalda, la situación es muy distinta, aunque Marc apenas ha cambiado. Sí que lo ha hecho su físico, pues el Gasol que triunfó con la camiseta del Akasvayu Girona -club desaparecido en 2013 y cuyo adiós impulsó al propio Marc a crear uno nuevo para que el baloncesto siguiera ligado a la ciudad- era un tipo entrado en carnes y no fibroso como el de ahora. Hace años adoptó un estilo de vida más saludable, haciéndose flexitariano y moldeando su figura para aprovechar mejor los últimos años de su carrera. Aprendió incluso a cultivar en casa sus propios alimentos y por ahí empezó a perder peso y a convertirse en un jugador más determinante. En su casa de España, a donde se trasladó el pasado verano, cuenta con un huerto que él mismo trabaja siempre que puede.

Girona en el corazón
Por lo demás, sigue siendo el mismo tipo afable y cariñoso de aficiones sencillas y comprometido con causas humanitarias. Suele ir casi siempre en coche eléctrico para evitar contaminar más de lo necesario y desde 2018 apoya de manera activa el rescate de migrantes en el mar. Colabora con ‘Open Arms’ y dedica mucho tiempo a la Fundación que lleva su apellido, que se encarga de luchar contra la obesidad infantil. Tareas que tendrá que dejar ahora un poco de lado con su regreso a las canchas.

Deportivamente, poco o nada queda de aquel chaval que despuntó en un instituto de Memphis cuando la familia Gasol decidió acompañar a Pau en su aventura NBA en 2001. Dos años después, siendo una estrella en el estado de Tennesse, volvió para enrolarse en el Barcelona. De azulgrana nunca contó con la confianza necesaria para terminar de romper. Sí lo hizo en el Akasvayu Girona, al que llegó tras ganar el Mundial 2006 con España y donde Pesic le convirtió en MVP de la ACB.

Tocaba probar suerte en la NBA, seguir los pasos de su hermano, y lo hizo aterrizando de nuevo en Memphis, otra ciudad que ocupa un lugar gigante en su corazón. Pasó allí once temporadas antes de abrir nuevos horizontes. Solo estuvo una en los Raptors, pero le valió para tocar el cielo y
ganar el anillo
. El segundo español en conseguirlo. Ese mismo verano repitió oro mundial con España, alcanzando el techo de su carrera. Periplo que entraría en una lenta cuesta abajo y que, tras un año en los Lakers, le ha devuelto a casa.

Seguirá ahora disfrutando con el baloncesto a otro nivel, feliz por estar cerca de su familia.

A Guadalajara la monopoliza ese cortante frío invernal que acampa en la ciudad desde hace semanas. Los días avanzan perezosos y la vida se desliza sin prisa. Los colegiales esconden y apuran en un aparcamiento sus cigarrillos mientras las abuelas pasean a sus nietos. Sin embargo, desde el pasado lunes un sonido rompe con la cotidiana escena. Los derrapes de las zapatillas y los botes emanan sin cesar desde el pabellón del Palacio Multiusos situado a las afueras de la ciudad, elegida otro año más como búnker de la selección española de baloncesto, que estos días prepara sus partidos clasificatorios para el Mundial 2023.

El seleccionador Sergio Scariolo no duda en interrumpir los ejercicios para apretar las tuercas, pues el equipo se enfrenta hoy a Macedonia del Norte (19.30 horas, Teledeporte) y el lunes a la peligrosa Georgia de Shermadini. También hay tiempo para las bromas entre tanta preparación. Darío Brizuela, forzando el acento gallego, le pregunta a Jonathan Barreiro si van «a comer unos percebes» tras la práctica. No están los grandes nombres y, como es costumbre, serán las promesas del baloncesto nacional y algunos curtidos veteranos los encargados de clasificar a España a un torneo en el que defenderá corona (campeones en 2019). Entre tanto nombre es difícil no fijarse en Yankuba Sima (Gerona, 1996), un grandullón que, a sus 25 años, ha recibido la primera llamada para la absoluta tras unas buenas temporadas en el Baxi Manresa.

«Es un paso más en mi carrera. Es muy impactante pero acepto el reto, no quiero que esto se quede en una anécdota, en cosa de una vez», explica Sima a ABC con mucha naturalidad mientras se atusa la perilla. Al español se le escapa rápidamente que su familia es el eje de su carrera deportiva, «la razón» por la que hace lo que hace. Sus padres llegaron a España hace 35 años con la promesa que tantos inmigrantes buscan en Occidente, una vida mejor. Su padre Abdoulie
llevaba un locutorio en Girona y su madre Sajo trabaja desde hace años en la sección de inmigración de Cáritas, todo para criar a los siete hermanos que componen la nueva generación de los Sima. De hecho, el ahora profesional empezó en el fútbol pero fueron varios de sus hermanos (uno de ellos jugó en la cantera del Barcelona) quienes le introdujeron en la canasta, «su gran pasión». Una condición que se evidencia cuando el catalán sale a pista, donde sus gritos en defensa se elevan por encima de los de sus compañeros. «Considero que en el baloncesto es muy importante la comunicación y cuanto mejor y más grites, más ayudas al equipo».

Viaje a sus orígenes
Un joven risueño y feliz las 24 horas del día, como él mismo se define, al que viajar al país que fluye por sus venas con 15 años le cambió la vida. En 2011, los padres de Yankuba decidieron que era hora de que sus vástagos conociesen sus orígenes y los llevaron a Gambia para descubrir la realidad que aguardaba más allá de la apacible Gerona. Yankuba, sin estar metido en la rueda del baloncesto, acabó viviendo un año en el país de África occidental, donde observó y vivió de primera mano la precaria situación de sus familiares y compatriotas. Conoció a sus abuelos, primos y tíos mientras aprendió a desarrollarse como persona en ámbitos hasta la fecha lejanos como la cultura africana o la religión. «Me ayudó a valorar mucho más las cosas, es muy diferente a España. Todo lo que tenemos aquí ellos no lo tienen. Pese a eso son muy felices y su situación no deja que les afecte», explica Sima con convicción. «Si tengo un mal día me acuerdo de ellos y pienso que mis problemas no son para tanto».

Con este pensamiento, Yankuba fue quemando etapas, con algunos desvíos pero con la meta siempre en el horizonte. El pívot, tras unos pinitos en clubes de su Gerona natal, comenzó su peregrinaje en la Canarias Basket Academy para luego dar el salto a Estados Unidos. Allí jugó en un instituto del norte de Miami, en la soleada Florida, para luego seguir su maduración en la Universidad de St. John's, en el estado de Nueva York. Ya de vuelta en España, en 2018, fichó por el Manresa de la Liga Endesa
, pero tras no asentarse en el primer equipo encadenó varias cesiones en Galicia, en el Breogán de Lugo y el CB Ourense. Fue la temporada pasada cuando Sima consiguió un puesto fijo en el equipo catalán, con vigor en el rebote y bajo el aro rival, instantáneas y constancia que le han llevado a estar a punto de debutar con la selección. «España siempre ha estado en lo más alto del mundo y hay que dar la talla». Yankuba es uno de los jóvenes que aspiran a llenar el hueco que han dejado leyendas como Pau y Marc Gasol o Sergio Rodríguez. De hecho, el jugador saltó a la fama internacional cuando tras el confinamiento fue reclutado (y fotografiado) con Marc para entrenar en Gerona mientras el pívot se preparaba para viajar a Estados Unidos en la reanudación de la NBA. Los aprendices, a veces, acaban convirtiéndose en maestros. En esas está Yankuba Sima.

El deseo con el que Marc Gasol se fue a la NBA hace más de una década, volver a Girona, se ha hecho realidad hoy. El pívot ha hecho oficial su regreso al equipo de la ciudad donde se hizo gigante en la ACB. El que le dio el impulso definitivo para saltar a la liga americana y que le permitió cumplir todos sus sueños: ser campeón de la NBA y volver a ganar un oro con la selección en el Mundial.

No hizo falta que el propio Marc dijera nada. En el ambiente y la escenografía montada en Fontajau se dejaba ya palpar su regreso. La grada se llenó de aficionados para asistir a un acto que comenzó con un vídeo en el que ya se veía al jugador vestido con los colores rojos del club. Marc volvía a casa.

«Estoy muy contento e ilusionado por estar aquí rodeado de tantas caras conocidas que han hecho posible este momento. Sabía que como jugador lo último que quería hacer era jugar con esta camiseta y ante esta gente», explicó el catalán, que continuará su carrera en la LEB Oro.

De la
NBA
a la segunda división del baloncesto nacional. Un salto hacia atrás en lo profesional que para él es todo lo contrario. «Soy muy afortunado por haber vivido muchas experiencias, pero volver es muy especial», señaló visiblemente emocionado.

Enfrente, su mujer Cristina y sus hijos -Julia y Luca- ocupaban las primeras butacas. Junto a ellos, sus padres Agustí y Marisa y también los que serán sus próximos compañeros en el Básquet Girona.

El club, cuyo objetivo es alcanzar la ACB, no ha comenzado bien la temporada, pues solo ha ganado dos de los primeros nueve partidos. Eso sí, el día 3 de diciembre, en el que será el primer partido de Gasol con su nueva camiseta, se medirán al Peñas Huesca, uno de los colistas, ante el que intentarán ganar para comenzar la remontada.

Para la competición, la llegada del jugador es un auténtico terremoto. No ha habido nunca un deportista tan exitoso jugando en el torneo. Doble campeón del mundo, ganador de un anillo de la NBA y varias veces All Star de la NBA. Un gigante de la canasta que ha optado por acabar su carrera en casa.

El Real Madrid doblegó (60-88) al Bitci Baskonia este jueves en la jornada 12 de la Euroliga, celebrada en el Fernando Buesa Arena, para seguir mandando en la tabla y complicar la reacción que buscan los vascos tras la destitución de Dusko Ivanovic hace 10 días.

En búsqueda de su resurrección, al Baskonia de Spahija le quedó grande el cuadro blanco. El Madrid puso todo en el asador del Buesa Arena para no dar aire ni vida a un gigante dormido. Los de Laso entraron con un 14-25 y dejaron 19 arriba al descanso (34-53).

Flojeó en defensa el cuadro local, de nuevo sustentado por Enoch y con los brotes verdes que acompañan a Baldwin, pero con cero puntos de Granger al final del partido, y el ataque del Madrid estuvo mejor repartido, mejor seleccionado. Los triples de Rudy Fernández, Heurtel y Llull, la agresividad de Abalde y las entradas de Causeur fueron grandes armas de los blancos en el primer tiempo.

Mucha tarea para un Baskonia necesitado de victorias. El dominio interior del Madrid terminó por romper la balanza para que el triunfo volara del Buesa Arena. Los vascos dejaron un par de buenas defensas en la reanudación con Peters, pero el Madrid mantuvo su colchón, redondeado sobre la bocina por Hanga (47-71).

Abalde siguió con su fuerza bajo aros, superioridad interior también de Yabusele, Poirier y Tavares, y el Baskonia no pudo pelearlo al menos como ante el CSKA. Los de Laso no bajaron el listón, con Llull y Heurtel gustándose, y siguen en lo alto de la Euroliga, con 10-2, en mano a mano con un Barça que este viernes juega contra el Zalgiris. Los vascos se quedan 4-8.


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