Teatro

Encontrarse en un cartel los nombres de María Lavalle y Carlos Hipólito es algo habitual. Encontrarlos juntos no lo es tanto, pero sorprende ligeramente. Que sea en los carteles del Teatro Real provoca curiosidad, y que además se anuncie al actor como cantante en recital no hace sino acrecentar esa curiosidad.

'El mismo amor, la misma lluvia' -una frase del tango 'Por la vuelta'- es el título del recital conjunto que ha unido a cantante y actor y que ha dirigido Jaime Chávarri; después de una experiencia en el Teatro de La Abadía a principios de octubre, mañana lunes 29 se presentan en el Teatro Real, en un concierto en el que estarán acompañados por Lucía Rey (Piano), Fernando Anguita (contrabajo), Antonio Calero (piano) y Facundo Petruccelli (bandoneón).

«Carlos estuvo conmigo como invitado especial en un espectáculo mío hace unos años en el Teatro Lara -María Lavalle cuenta el origen de su encuentro-, y cantó. Durante la pandemia lo perseguí por tierra, mar y aire hasta que me dijo que sí. Y aquí se presenta como cantante, no detrás de un personaje, sino como Carlos Hipólito».

Confiesa el actor que ha pasado por distintos estados al afrontar esta nueva faceta artística: «primero perplejidad… No sabía muy bien qué hacía yo como cantante delante de un micrófono. Pero estoy muy agradecido a María por convencerme. De la perplejidad pasé al miedo y los conciertos de La Abadía me sirvieron para superar el pánico; en cuanto pisé el escenario de la mano de María y empezó a sonar la música me sentí como si estuviera en casa. Ahora estoy absolutamente feliz».

Astor Piazzolla, Jacques Brel, Charles Aznavour, Norbert Schultze, Charles Chaplin, José Dames, Mariano Mores… son los autores de un concierto que viaja desde el tango argentino hasta la canción francesa, pasando por Broadway o por la canción española. «Es una especie de cajón de sastre al que intentamos dar orden y concierto a través de las emociones que vehiculan todas estas canciones», explica Carlos Hipólito.

«Y lo hemos unido al mundo del jazz -completa María Lavalle- con un trío maravilloso que dirige Lucía Rey y que completamos con un bandoneón, que no puede faltar en mis conciertos». «Creo que es precisamente esos arreglos jazzísticos es lo que le da singularidad y unidad al concierto»

«De la misma manera que yo he empujado a Carlos a que cante, él saca de mí la faceta de actriz que llevo dentro -explica María Lavalle-. Los dos nos hacemos bien y nos estimulamos a hacer cosas distintas». «Me considero un actor que canta -apostilla Hipólito-; hemos elegido un tipo de canciones que se presta a poder hacer una 'interpretación', porque cuentan historias, son 'pequeñas obras de teatro' que duran dos o tres minutos y se las contamos al público. Y para ello tenemos que sacar nuestra faceta de actores; a mi como espectador me llegan mucho más los cantantes que me emocionan que los que únicamente me admiran por su voz o su técnica».

Precisamente es la emoción el hilo conductor del concierto, y ahí entra directamente el tango, «que conecta muy bien con esas emociones», dice María Lavalle. «El tango, la canción francesa, son géneros muy fuertes que tienes que interpretar, que me han atraído toda la vida».

Cada vez que, en su añorado programa de radio 'La calle 42', José María Pou y Concha Barral mencionaban el nombre de Stephen Sondheim, añadían una coletilla imperativa: «¡De rodillas!» Y es que el compositor nacido en 1930 en Nueva York (no podía ser de otra manera) es, sin ninguna duda, la figura más importante del teatro musical estadounidense, que ha marcado el rumbo del teatro musical internacional de las últimas décadas.

A raíz de su muerte, a los 91 años, se le está recordando como el gran renovador del musical, una leyenda, un titán, un genio… Adjetivos todos que le corresponden, sí, pero que se quedan cortos. Stephen Sondheim no renovó el género: lo reinventó. Nada ha vuelto a ser igual en Broadway -en el teatro- desde que se estrenaran obras como 'Sweeney Todd', 'Company', 'Follies', 'Into the woods', 'A little night music', títulos en los que destiló copiosas gotas de genialidad.

Sondheim ha creado un larguísimo puñado de canciones absolutamente irrepetibles que son hoy himnos del teatro musical y que han cantado las más grandes estrellas, desde Barbra Streisand a Frank Sinatra, pasando por Plácido Domingo: 'Send in the clowns', 'Losing my mind', 'Being Alive' (con la que estos días emociona Antonio Banderas en Málaga, dentro del musical 'Company'), 'Anyone can Whistle', 'I'm Still Here'. Solo por ellas ya merecería el lugar privilegiado que ocupa en la historia del teatro, porque cada una de ellas esconde pedacitos de alma humana en sus notas y en sus letras, indisolubles la una de la otra. Son canciones que van más allá de la belleza de su melodía: son canciones cargadas de emociones, de sentimientos, de entraña, de carne, de sangre.

Pero la grandeza de Stephen Sondheim va más allá. Él le ha otorgado al teatro musical una dignidad dramática que había perdido en favor del gran espectáculo, de la espuma de las coreografías y los números 'de cañón de luz', los 'showstoppers'. Y en sus obras los hay, porque él supo reinventar el musical americano desde dentro, desde su profundo amor por él, siguiendo las reglas de Broadway -que, al fin y al cabo, es una industria-. Él demostró que no hacía falta apartarse del camino, sino simplemente asfaltarlo llenándolo de historias interesantes contadas, eso sí, con su genio probablemente irrepetible; pero sin concesiones, haciendo la música que él quería. Y haciendo teatro. Por eso muchos en el mundo de la escena internacional echan hoy la rodilla a tierra y bajan la cabeza reverencialmente para despedir al reinventor del teatro musical del siglo XX.

Valoración Crítica3

'We Will Rock You'

Gran Teatro Caixbank Príncipe Pío

El 24 de septiembre de 1991, hace exactamente treinta años, moría en Londres una de las personalidades más fascinantes y carismáticas de la música de las últimas décadas: Freddie Mercury, líder del grupo Queen. Una ocasión perfecta para el estreno de la nueva producción del musical 'We Will Rock You', basado en la música de la banda, que ya pudo verse en España hace casi dos décadas. Mucho han cambiado las cosas en este tiempo. La historia enhebrada en torno a las canciones, a pesar de llevar la firma de Ben Elton, es bastante endeble y en ocasiones disparatada, con multitud de referencias a canciones y chistes de origen musical, que la versión española agudiza: un personaje toma el nombre de Ozzy Osbourne y otro contesta que también se apellida Osborne… Bertín Osborne.

La producción que acaba de ver la luz renuncia voluntariamente al carácter 'dramático' para convertirse directamente en 'un concierto con una historia alrededor'; no se traducen al español las letras de las canciones, incluso cuando estas forman parte de la trama -salvo 'Solo por ti' ('No One But You'), que Brian May escribió tras morir Mercury-. Bien es cierto que esta decisión no afecta a la comprensión general de la trama, pero resta unidad al espectáculo.

'We Will Rock You' ha visto la luz en un nuevo espacio, el Gran Teatro Caixabank Príncipe Pío -siempre es motivo de celebración-, que permite una producción técnicamente impecable, con una escenografía apoyada en estructuras de neones y grafismo digital que apoya la sensación de cómic que rodea la puesta en escena -interpretación actoral incluida-, puerilmente adecuada al libreto. La banda suena potente y brillante, y el espectáculo es finalmente una contagiosa fiesta musical en la que el protagonista, Xavi Melero, tiene el encanto y la voz suficientes para el papel de Galileo, y Anabel García (Scaramouche) destaca del resto del reparto.

'We Will Rock You'

Libro: Ben Elton. Canciones: Queen. CEO: Luis Álvarez. Dirección: Cristina Sánchez. Adaptación texto: Javier Navares. Dirección de actores: Gabriel Olivares y Alejandra Ortiz-Echagüe. Escenografía: David Pizarro y Roberto del Campo. Vestuario: Eduardo de la Fuente. Iluminación: Ezequiel Nobili. Director musical: Pablo Navarro. Coreografía: Teresa Jiménez. Principales intérpretes: Xavi Melero, Anabel García, Iván Herzog, Cristina Rueda, Livia Dabarian, David Velardo, Manuel Ramos. Gran Teatro Caixabank Príncipe Pío, Madrid

Valoración Crítica4

'Tina, el musical'

Teatro Coliseum, Madrid

Los musicales 'jukebox' -aquellos armados en torno al repertorio de grupos o solistas de éxito- se pusieron de moda en los albores del 2000; surgieron piezas teatralmente notables y otras (muchas más) perfectamente olvidables. Con los años, la tendencia se ha amainado, aunque no ha desaparecido. Hace tres años se estrenó en Londres un espectáculo basado en la música de una de las grandes mujeres de la historia del rock: Tina Turner, con la particularidad de que en él se contaba también su azarosa vida. Ahora, con el final de las restricciones de aforo, ha llegado a los escenarios españoles.

La vida de Anna Mae Bullock (nombre real de la cantante) tiene desde luego suficientes elementos dramáticos para llevarse a escena. El rechazo de su madre, que siendo aun una niña la abandona a ella y a su padre, llevándose a su hermana mayor; su tormentosa y tóxica relación con Ike Turner; y sus necesarias reinvenciones artísticas son el eje de una historia que en este musical es poco más que un sustento para incrustar las canciones más populares de la diva.

Pero -y aquí está la diferencia con otros títulos del género- está hecho con inteligencia, con sentido dramático. Se nota la mano de Phyllida Lloyd (directora de 'Mamma Mia!') imprimiento un ritmo vivo a la narración y logrando un espectáculo ágil y atractivo que desemboca en un concierto final que levanta al público de sus asientos y logra un contagioso entusiasmo en el patio de butacas. Del voluntarioso y entregado reparto español destaca, claro, Kery Sankoh, con la energía, la ferocidad y la voz suficientes para dar vida a Tina Turner.

'Tina, el musical'

Libreto: Katori Hall. Traducción: Miguel Antelo. Dirección: Phyllida Lloyd. Coreografía: Anthony van Laast. Escenografía y vestuario: Mark Thompson. Arreglos y música adicional: Nicholas Skilbeck. Iluminación: Bruno Poet. Sonido: Nevin Steinberg. Proyecciones: Jeff Sugg. Intérpretes: Kery Sankoh, Rone Reinoso, Juno Koto King, Oriol Anglada, Ileana Wilson, Pedro Martell, Anna Lagares, Aisha Fay, Carlos Báez. Teatro Coliseum, Madrid

Probablemente sea 'Cuento de Navidad', el relato de Charles Dickens, uno de los iconos navideños más llevados al cine, la televisión y el teatro en los últimos años. Publicada originalmente en 1843, cuenta la historia del avaro y rico Scrooge, símbolo del espíritu antinavideño, y su transformación después de que varios fantasmas le visiten en Nochebuena.

Los cuatro fantasmas que se aparecen ante el avaro protagonista consiguen hacerle viajar en el tiempo y demostrar que ha malinterpretado aquellas situaciones que le han convertido en lo que es.

Las versiones de 'Cuento de Navidad' son incontables, y a ellas se suma la que hoy se presenta en el Teatro Alcalá, escrita por el dramaturgo canario Luis O´Malley y dirigida por otro isleño, Mingo Ruano. Sus protagonistas son Mariano Peña, que encarna a Scrooge, y Antonia San Juan, que interpreta a Mary Jane. El resto del reparto incluye a Jennifer Lima, Belén Orihuela, Camila Puelma, Raúl Ortíz, Raúl Heredia, Julián Salguero, Ángela Rucas, Alberto Aliaga, Lucía Torres, Edu Llorens, Andreas Lozano , Natalia Flores,Raquel Cano, Gabriel Álvarez, Sandra Sierra y Carlota Faraldos.

Hay en la vida piruetas muy enrevesadas, como las que asocian al trágico 11-M (la fecha de los atentados terroristas en diversos trenes en Madrid) con la puesta en escena de un musical, 'We Will Rock You', más de tres lustros después. La explicación la tiene Luis Álvarez, uno de los más inquietos y singulares productores de nuestra escena. Él fue quien trajo a España en octubre de 2003 el musical estrenado en Londres un año y medio antes. «Las bombas me llevaron a la quiebra -recuerda Álvarez-, y la única persona que apostó por mí y me prestó dinero fue Brian May [legendario guitarrista de Queen]; yo le prometí entonces que volvería a poner en pie el musical».

Luis Álvarez ha cumplido su promesa diecisiete años después; lo ha hecho en el novísimo Gran Teatro Caixabank, del que es propietario y gestor. «Esto me permite tener el control y no tener los 'conflictos' habituales entre productores y dueños de los teatros, con intereses diferentes. Por eso voy a programar el musical solo viernes, sábados y domingos, aunque con dos funciones cada día. Quiero que 'We Will Rock You' dure muchos años en Madrid, la primera ciudad que lo ha repuesto tras la pandemia».

'We Will Rock You' es un musical con libreto de Ben Elton en torno a las canciones del grupo Queen: 'We Are the Champions', 'I Want to Break Free', 'Somebody to Love', 'Another One Bites the Dust', 'Bohemian Rhapsody' o el tema que da título a la función se escuchan en el musical. «La película 'Bohemian Rhapsody' ha impulsado la música de Queen -apunta Álvarez-, ha vuelto a encender la chispa y los ha dado a conocer a otras generaciones. En las previas hemos visto familias enteras, y a partir de enero queremos hacer funciones para colegios, porque esta música llega también a los niños».

La producción no es la misma; han pasado casi veinte años y la tecnología, uno de los leitmotiv del texto, es absolutamente distinta. Si entonces fue el propio Luis Álvarez el autor de la versión, en esta ocasión se la ha encargado a Javier Navares, que «es una versión muy distinta, que mantiene cosas de la anterior pero difiere mucho de aquella».

Una de las mayores diferencias que encontrará el espectadore que viera el musical en 2003 y lo vea ahora es que encontrará las canciones sin traducir. «Creo que traducirlas fue un error -argumenta Álvarez-; sé que en un musical es fundamental hacerlo proque forman parte del argumento y explican a sus personajes, pero aquí el texto es una excusa para unir las canciones, y he preferido que suenen como las hemos escuchado siempre. Cuando me han sugerido que las tradujéramos, me he negado en redondo».

También ha sido novedoso el procedimiento para encontrar el reparto: una audición a través de la red social 'Tik Tok'. «Es el primer musical que lo hace de esta manera -presume Luis Álvarez-. Grabamos un vídeo en el que Brian May convocaba las audiciones y el 26 de junio pasado se colgaba.
Tuvo 32 millones de visualizaciones
, fue la mayor campaña de publicidad para el musical que podíamos tener. Y hemos creado tendencia… En Broadway van a hacer algo similar».

Al margen del éxito en cifras, esta particular audición también les proporcionó a varios de sus intérpretes finales. «Teníamos más o menos pensado un reparto, pero los vídeos de 'Tik Tok' nos hicieron cambiar. Cuando se lo contaba a Brian May -sonríe- me decía que eso es 'otra atmósfera' y que se fiaba de mí. El mundo está cambiando y no le podemos dar la espalda a todas estas nuevas posibilidades».

«El último espectáculo del director italiano Romeo Castellucci está protagonizado por un grupo de hombres anónimos, actores no profesionales, de diversa condición y edad. Vestidos de agentes de policía norteamericanos deberán ejecutar las órdenes que les son suministradas a través de unos auriculares, independientemente de que las entiendan o no».

Así se explica en el programa de mano el espectáculo 'Bros', que se presenta hoy, miércoles, en el Centro de Cultura Contemporánea Condeduque, dentro de la programación del Festival de Otoño de Madrid, adonde ha llegado después de verse en el festival Temporada Alta de Gerona. Horas antes de su estreno, Romeo Castellucci (Cesena, Italia, 1960) ha explicado su espectáculo, flanqueado por Natalia Álvarez Simó, directora del Conde Duque, y Alberto Conejero, director del Festival de Otoño.

El creador italiano ha contado que, durante una estancia laboral en París, vivió mes y medio en una casa rodeada de policías. «Era la época de las protestas de los chalecos amarillos; y yo cada vez que salía me sentía muy pequeño frente a tanta gente uniformada; me sentía un rehén, e incluso culpable». Allí nació la idea de 'Bros'.

El título del espectáculo es una contracción del término inglés 'brothers' ('hermanos'). «No es que yo sea anglófilo -explica Castellucci-, pero la imagen platónica del policía que tenemos es, por el mundo cinematográfico y televisimo, la del policía estadounidense». Y es que la Policía es la protagonista de este espectáculo, que tiene un solo personaje, añade, «pero dividido en muchos cuerpos y estilos».

'Bros' habla sin disimulo de la violencia policial, pero Castellucci dice que «no quiere ser una crítica estereotipada hacia la policía. No es un espectáculo contra ella, no es tan sencillo. Estos hombres uniformados son una metáfora de nosotros mismos, de la violencia en que vivimos de un modo ancestral. Es un espectáculo sobre el significado antropológico de la violencia, no sobre su significado político y social».

Es difícil, en este siempre vidrioso asunto, apartarse de la mirada política. «Para eso está la dramaturgia -explica Castellucci-. 'Bros' no es una ilustración de lo que pasa en las manifestaciones. La realidad es la inspiración, el punto de partida, pero va más allá y el espectador percibe lo que hay detrás».

Confiesa el creador italiano, que visita por tercera vez el Festival de Otoño madrileño y que hace cinco años firmó una sorprendente y aplaudida producción de 'Moisés y Aarón', de Schönberg, que 'Bros' es un espectáculo «oscuro y tenebroso». Son todo hombres -«los cazadores, la violencia viril»- y están interpretados por personas de la calle, sin una preparación especial. No hablan porque son personas de acción. Y responden a las órdenes de una voz, que los espectadores no escuchan, sin poder elegir ni reaccionar ante ellas».

Esa voz tiene algo de teológico, apunta Alberto Conejero. «Es una prisión invisible, transparente. Parece que no está, pero muchas veces se diría que el ser humano necesita de esta prisión; es otro aspecto de nuestra sociedad».

Parafraseando a Beckett, dice Castellucci que «el teatro debería ser peligroso, nos despierta de la fuerza de la costumbre», y asegura que su espectáculo, su teatro, entra por los sentidos y, un día o una semana más tarde, llega al cerebro. «Pero va dirigido a los dos», concluye.

Valoración Crítica4

'La tabernera del puerto'

Teatro de la Zarzuela, Madrid

El mar ha protagonizado el comienzo de temporada en el Teatro de la Zarzuela. Sonó embravecido en 'Circe', la narración musical de Ruperto Chapí con la que volvió a recordarse que la ópera española fue un proyecto ambicioso, a veces desfasado de su propio tiempo y desafortunadamente poco gratificante para los que se desgastaron con ella. En 'Los gavilanes', la zarzuela de Jacinto Guerrero, el mar apareció convertido en mensajero. Con él llega la fortuna y los recuerdos, que en realidad son ensoñaciones imposibles de revivir. Mario Gas hizo la puesta en escena del título y, en compañía de Ezio Frigerio y Franca Squarciapino, dibujó una costa provenzal de cuento y modernidad, creíble, directa y palpitante. El éxito de las representaciones quedó refrendado por dos estupendos repartos y varios bises que acompañaron algunas de las representaciones que se salvaron de la huelga de los técnicos teatrales, convocada tras haber quedado fuera de la oferta pública de empleo por cambios en los criterios de acceso. Todavía hoy continúa el conflicto marcando a 'La tabernera del puerto'. Gas, Frigerio y Squarciapino también se responsabilizaron de la escenificación del título en 2018 aunque, tal y como se ha contado en ABC, diversos incidentes arrinconaron la producción hasta hacerla casi desaparecer. Estos días renace en la Zarzuela.

El mar muestra de nuevo su peor cara en 'La tabernera del puerto'. La escena de la galerna es un punto culminante y el momento de oro de esta producción, pues en él se da cita el ingenio teatral, la maestría en la realización y la posibilidad de arrastrar al espectador hasta el interior del indómito horizonte acuoso de Cantabreda, entre gasas y proyecciones. Mario Lerena, que conoce como nadie la obra de Pablo Sorozábal, señala en el programa de mano que este suburbio de pescadores vascos, en el que se mezclan resonancias oriundas, castellanas y antillanas, es Ondarroa. El nombre había quedado oculto en el libreto de Guillermo Fernández-Shaw y Federico Romero por razones obvias: aun en los casos más evidentes, la zarzuela fue una ensoñación para varias generaciones que encontraron en ella un escape a su cotidianeidad. Las referencias directas tenían una importancia relativa pues lo importante era persuadir. Por eso, lejos de la sofisticación o de las reformulaciones en las que otros caen cuando escenifican el género, la 'Tabernera' de Mario Gas prefiere ser una sencilla y afectuosa fantasmagoría.

La luz es imprescindible para fortalecer el carácter de misterio y leyenda, pues con ella, con sus oscuros y tristes azules, se construye la atmósfera que hace creíble el absurdo. Del mismo modo, el dibujo de los personajes es esencial a la hora de configurar coherentemente el relato. Contrabandistas, marineros, sardineras conviven con tipos dispersos en una alternancia entre lo serio y lo bufo muy propia del género y que en esta producción se resuelve con coherencia, a pesar de que chirríe la música del dúo cómico como interludio instrumental entre la escena de la galerna y el dramático desenlace. Los personajes secundarios incluyen el Ripalda/Charlot que Ángel Ruiz dibuja con el gesto adecuadamente medido, o la sardinera Antigua a la que Vicky Peña aporta su ciencia teatral; incluso el joven Abel que interpreta Ruth González con un halo de presunción. 'La tabernera del puerto' se presenta con dos repartos en los papeles protagonistas. En la representación del domingo, tras la cancelación del estreno del viernes, actuó María José Moreno, quien dijo su canción con serenidad, peso y melancolía. Se aplaudió su intervención porque da un poso de verdad al personaje que en el caso de Antonio Gandía tiene tintes más artificiosos. La limpieza con la resolvió la romanza 'No puede ser', con apego a una tradición interpretativa demasiado convencional, convivió con una actuación en exceso fingida.

El Juan de Eguía de Damián del Castillo convenció por planta y resolución. No siempre firme vocalmente cantó la romanza final con decidida autoridad. Por último, Rubén Amoretti fijó su actuación en el famoso 'Despierta negro', vocalmente oscuro, un punto cavernoso y acorde con la madurez temperamental con la que perfila a Simpson. Todos juntos demostraron que uno de los valores de esta producción es su apego al teatro bien construido. El movimiento escénico adecuadamente engrasado, la dicción clara, el gesto oportuno y la intención precisa, muchas veces posible porque el soporte sonoro que proporciona la Orquesta de la Comunidad de Madrid es particularmente cómodo. Hay una clara intención de sonar bien, de no excederse en el volumen y de complacer a la escena. Óliver Díaz ha vuelto al foso de la Zarzuela con la partitura muy asumida y dispuesto a disfrutar de la obra. Su versión busca colaborar antes que arrastrar, procurar mejor que destacar, compaginarse con la equilibrada presencia del Coro de la Zarzuela. El resultado es beneficioso para una producción en la que, definitivamente, es fácil adivinar talento, respeto y cariño.

'La tabernera del puerto'

Autores: Federico Romero, Guillermo Fernández-Shaw y Pablo Sorozábal. Dirección de escena: Mario Gas. Dirección musical: Óliver Díaz. Escenografía: Ezio Frigerio. Vestuario: Franca Squarciapino. Iluminación: Vinicio Cheli. Intérpretes: María José Moreno (Marola), Damián del Castillo (Juan de Eguía), Antonio Gandía (Leandro), Rubén Amoretti (Simpson), Ruth González (Abel), Vicky Peña (Antigua), Pep Molina (Chinchorro), Ángel Ruiz (Ripalda), Abel García (Verdier), Agus Ruiz, Didier Otaola y Ángel Burgos. Coro Titular del Teatro de la Zarzuela y Orquesta de la Comunidad de Madrid. Lugar: Teatro de la Zarzuela, Madrid. Fecha: 20-XI.

Al igual que la Gran Vía es el eje de los musicales y buena parte del teatro de texto se agrupa en los alrededores de la Puerta del Sol, el teatro alternativo tiene sus cuarteles entre Embajadores y Delicias. Allí se encuentran varios de los espacios que, desde hace años, resisten -no hay otra palabra que pueda definir mejor su trabajo- para ofrecer su actividad.

En el número 3 de la calle Palos de la Frontera, puerta con puerta con Nave 73, ha abierto La Sala, primero de los espacios que se inaugura en plena pandemia. Sus responsables son Eva Quirós y Nicolás Pérez Costa y el suyo un proyecto «que nace de un encuentro, un encuentro entre dos amigos con vocación artística que se unen para construir un espacio, articular un proyecto y fundar una compañía dedicados a la creación artística».

Formación y creación son las dos líneas de trabajo de La Sala. La primera se basa, aseguran sus responsables, en «el concepto del actor creador, que capacita al alumno para trabajar especialmente en el contexto del teatro contemporáneo». Entrenamiento actoral, canto y creación y autogestión teatral son las tres patas sobre las que se asienta su trabajo.

«Montajes renovadores y arriesgados, porque nos gusta ser un espacio abierto al cambio, y una clara apuesta por las nuevas dramaturgias» son el credo de La Sala en su faceta creadora. 'Noche de Reyes', de Shakespeare; 'Juana la Loca', de Pepe Cibrián; 'Estas manos que son mías', una dramaturgia de Camila Bordón Arenal sobre las 'Bodas de Sangre' lorquianas; y 'Thom Pain (basado en nada)', de Will Eno, son sus primeras apuestas.

'Noche de Reyes' es una buena piedra de toque de las posibilidades de La Sala. Adaptada y dirigida por el propio Nicolás Pérez Costa, cuenta con un elenco joven -muy joven en alguno de los casos- que componen Cayetana Oteyza, Patricia Domínguez, Miguel de Ángel, Rubén Reyeros, David Albaladejo, Elisa Espinosa, Mario Larce, Manu Imizcoz, Mario Boraíta y Javier Cascón.

Pasan los siglos, y sigue asombrando la facilidad que tienen las obras de Shakespeare para continuar divirtiendo, conmoviendo y hablando a públicos tan diferentes -¿o no?- del que las vio nacer. La adaptación de Pérez Costa es limpia, dinámica, divertida, y sabe aprovechar los escasos recursos y el pequeño tamaño de la sala para crear un espectáculo lleno de atractivo. Destaca, por la verdad y la nobleza que imprime al papel de Viola, Cayetana Oteyza.

Daniel Lamarre exhibe, en la entrevista, dos caras, las mismas que simbolizan en las máscaras del teatro la tragedia y la comedia. El director ejecutivo del
Circo del Sol
presenta un semblante serio cuando habla del pasado, mientras se ilumina su sonrisa al referirse al futuro. La pandemia obligó a suspender los 44 espectáculos activos, a despedir temporalmente a 4.679 empleados, el 95 por ciento de la plantilla y a acudir a un concurso de acreedores para evitar la quiebra económica. Ahora, cuenta con indisimulado orgullo Lamarre. «Es muy gratificante volver a ver a los artistas sobre el escenario y a nuestros empleados en las oficinas».

«Después de tantos meses sin ver trabajar a nuestros artistas, ha sido muy motivador volver… Ver Más


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