Crítica de ‘Voy a pasármelo bien’: Felicidad contra los prejuicios

La perspectiva de ver un musical sobre romances adolescentes basado en las canciones de los Hombres G puede parecer un plan poco seductor para sobrevivir a la marejada de calor. A priori, huele a anzuelo comercial en el que solo picarán los espectadores de generaciones muy concretas, pero la película de David Serrano es un antídoto perfecto contra los prejuicios. Con la nostalgia ochentera también hemos tenido sobredosis audiovisual. Aquí es un recurso más, por supuesto, aunque no el ingrediente principal de este título cuyo principal defecto es que se estrena un poco tarde, con todo el juego que podría haber dado su buenrollismo genuino en la cartelera estival, en la que nunca sobran planes familiares. El guionista y director madrileño ha firmado obras mejores y peores. Con ninguna ha tenido tanto éxito como con la película 'Al otro lado de la cama' y el musical 'Hoy no me puedo levantar'. Este podría ser su tercer gran pelotazo. Si hay algo que domina Serrano es el arte de engarzar en sus guiones, engañosamente sencillos, las letras de un grupo cualquiera, incluso si muchas de las canciones tienen una profundidad eurovisiva. Aquí firma el libreto junto con la actriz Luz Cipriota, guionista debutante, con la que compone una historia cargada de buen gusto y ganas de pasárselo bien. Por una vez, el título no es una estafa. Después de la estupenda 'Life is live', que replicaba un género que Hollywood ha explotado a conciencia, 'Voy a pasármelo bien' supone un salto más arriesgado, salpicado de coreografías callejeras rodadas con sorprendente acierto en las calles de Valladolid, un poco a lo 'La la land', pero con menos coches. El cine estacional, que tantas películas estupendas ha proporcionado a nuestras vidas, cada vez depende menos de las importaciones. Valoración de ABCPlay Federico Marín Bellón En la lista de responsables de este deseado taquillazo destaca el productor Enrique López Lavigne, nombre esencial de nuestro cine. También es fundamental el trabajo en la fotografía de Kiko de la Rica y las acertadísimas elecciones de reparto de Ana Sainz-Trápaga y Patricia Álvarez de Miranda. Su mayor mérito no es tanto la mitad adulta del elenco, con nombres tan conocidos y hasta cierto punto infalibles como Dani Rovira, Raúl Arévalo y la mexicana Karla Souza. Más sorprendente es la selección de chavales, casi todos ellos impecables y en ocasiones incluso brillantes. Renata Hermida, Rodrigo Díaz, Izan Fernández, Rodrigo Gibaja, Javier García y algún otro se ven complementados por David Lorente, en el papel de maestro, que merece una mención especial. Es un secundario habitual que brilla en todos los géneros y que vuelve a ganarse al público con cuatro escenas. Que algún valiente le escriba un papel más largo.

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