El Barça 23-24, día uno ante la Juventus: Xavi se asoma a un curso clave

Ganó la Liga con solvencia defensiva y reajustes tácticos a mitad de la ruta que le llevaron al éxito doméstico, pero no le bastaron fuera de España.

Ganó la Liga rompiendo años de sequía y le proporcionó credibilidad a su idea y método, pero Xavi, mejor que nadie, es consciente de que se asoma ahora al momento clave de su proyecto.

Es su segundo curso al completo –los siete meses después del despido de Koeman le permitieron cumplir el objetivo de mínimos que entonces era de máximos, clasificarse para la Champions-, pero la exigencia va subiendo de nivel. Y repetir la conquista de la Liga es primordial, tanto como ser competitivo en Europa, el techo que debe romper como le recuerda casi a diario el presidente Joan Laporta. Tampoco es necesario.

Xavi es consciente de que su Barça, que arranca en la madrugada del sábado a domingo ante la Juventus (04.30 h, TV-3 y Movistar), se medirá por su fortaleza en la Champions, un torneo maldito desde el 2015 que ha significado la tumba de entrenadores como Valverde, sólido y fiable en España, pero que luego se desplomaba en Roma o Anfield. O que se llevó por delante al breve y fugaz Quique Setién con aquel cruel 2-8 del Bayern en Lisboa.

Ferran y Raphinha, las inversiones más caras

En Estados Unidos, y a la espera de que el club halle acomodo a jugadores que no entran en sus planes, Xavi va tejiendo el dibujo del nuevo Barça. El que más debe acercarse a su idea después de transitar por diversas fases. Llegó en noviembre de 2021 y comprobó que el «esto es lo que hay» verbalizado por Koeman era una verdad tan rotunda como inapelable.

En enero, la entidad agitó el mercado de invierno como nunca se había visto antes sacando dinero hasta debajo de las piedras para firmar, por ejemplo, a Ferran Torres por 55 millones de euros, la segunda inversión de la actual etapa de Laporta solo superada por Raphinha (58 + 7 en variables).

Aubameyang, Adama y Alves también vinieron aquel enero de 2022. Pero ninguno siguió. En el verano, y con palancas activadas al máximo, se desembolsaron 153 millones más para darle al técnico la estructura con la que ha ganado Liga y Supercopa, títulos que deben ser puntos de partida de la reconstrucción.

Más presión que antes

Ahora, en cambio, no hay ni un euro, por mucho que el presidente Joan Laporta proclame orgulloso que «el Barça tiene mejor equipo que el Madrid». El Barça se ha gastado 3,4 millones de euros en Oriol Romeu. Los 30 más 31 en variables por Vitor Roque no se verán estos próximos meses en el césped; el Madrid, 100 en Bellingham, 20 en Arda Güler, un joven talento turco que pretendían los técnicos azulgranas, y cinco en ejecutar la cláusula de retorno de Fran Garcia. O sea, 125 ante 3,4.

Pero Laporta no tiene dudas sobre quien es el mejor equipo, aumentando así la presión sobre Xavi, quien todavía suspira por dos fichajes más. Ancelotti, por su parte, espera a Mbappé, por mucho que diga que el agujero de Benzema está ya cubierto con Joselu, Brahim más los goles que proporcionen Vinicius y Rodrygo. Al técnico blanco le faltan, sin embargo, los 31 tantos que firmó Karim en los 43 partidos que jugó la pasada temporada.

Pendiente de la renovación

A Xavi también le falta gol porque si se apaga Lewandowski (cumplirá 35 años el próximo 21 de agosto) llegan los problemas, como ya se detectó el curso pasado. Asoma también el técnico a un momento fundamental de su proyecto porque acaba su contrato en junio de 2024. O sea, al igual que Ancelotti, vinculado a la selección brasileña, inicia esta temporada con fecha de caducidad.

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Y la renovación, que parecía encarrilada hace unos meses, coincidiendo con la conquista de la Liga, no va con tanta celeridad, entre otras razones porque Laporta ha dejado claro que lo primero es completar la plantilla actual, tanto en fichajes como ventas, antes que abordar la continuidad del técnico. Él mismo ha dejado claro que «nunca será un problema» para el club.

Además, tienen que ajustarse y engrasarse los mecanismos de la nueva estructura deportiva que ha diseñado el presidente tras la voluntaria y silenciosa marcha de Jordi Cruyff, que ejercía de enlace con Xavi y de secretario técnico. Ha entrado en su lugar Deco, que es mucho «más intervencionista» que Jordi, según lo definió Laporta, lo que obliga a dibujar un nuevo marco de entendimiento en el segundo curso al completo de Xavi. El segundo y el más delicado porque el Barça lo vivirá de alquiler y exiliado en Montjuïc, una montaña a la que sus socios no quieren subir.

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