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El Barça gana sin ni siquiera desearlo

Escrito por el abril 21, 2022

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Cuando ya no te gusta tu mujer, meterte en la cama es cada noche una tortura. Por caliente que vayas no logras concretar tu deseo para cursar la satisfacción conyugal, por sueño que tengas no piensas en descansar, sino en cómo hacer para que no se note tu desinterés, que en el caso de la mujer puede ser un dolor de cabeza, real o fingido, y no pasa nada, pero que en el caso del hombre se interpreta siempre como un desprecio, como una grosería. Los hombres somos extrañamente binarios, como el Barça; y también como el Barça, la pasión la tenemos que demostrar para funcionar, y cuando no comparece es que simplemente no podemos. Eliminados de Europa -incluso de la de los segundones- y con la Liga sentenciada por un Madrid superstar, el Barcelona no hace más que arrastrarse contra su propia voluntad, e intentando que no se note, pero fatalmente cautivo de su desánimo. Ganar en Anoeta no es cualquier cosa, aunque fuera de un modo tan agónico y poco meritorio; y no es exactamente que el equipo jugara horrorosamente mal, pero carecía completamente de la chispa, del nervio, de la luz de los que hacen que este deporte merezca la pena y que la suerte se decante en su favor.

La Real empezó impetuosa, valiente, a por todas. El Barça estaba impreciso, destensado, muy cerrado en su campo, vencido en el cuerpo a cuerpo por los locales. Tal como los alemanes del Eintracht -entre otras tantas aficiones- se toman más en serio la afición por su equipo que los socios culés, los de Imanol se tomaban ayer mucho más en serio el partido que los de Xavi, que deambulaban por el campo un poco como buscando el aprobado general, sin ir con todo como los locales, como si la plaza en la Champions para la temporada siguiente estuviera ya garantizada. Pero en el minuto 10, en una doble jugada que de primeras Dembélé estrelló en el palo, Gavi recuperó la iniciativa para asistir a Ferran, que le centró a Aubameyang para que rematara de cabeza el primer gol de la noche. El Barça se fue poco a poco sintiendo cómodo en el partido, como si algo en su relación matrimonial con la Liga, y con el fútbol, hubiera cambiado: algo que diera esperanza. No es que hubiera dado con una solución global, pero sí que algunos detalles fueron mejorando, atenuando por lo menos la sensación de caída libre en el total desamparo. Pese a ello, no se dormía la Real, no desfallecía, y cada vez que llegaba la frágil defensa visitante mostraba sus debilidades, con la excepción de Busquets y de Piqué, que parecía buscar la reválida tras el ruido por las conversaciones con Rubiales. Partido equilibrado, pero más que por la entrega de los vascos, por la incapacidad del Barça para desequilibrarlo; los dos equipos sin saber muy bien qué hacer con el balón y todavía menos en el tramo final de los respectivos ataques. Mucho toquecito estéril -por parte de ambos- en zonas estériles del campo. El Barça ganaba pero no controlaba el partido. Por estirar el símil de la pareja, una noche resultona no aseguraba el matrimonio ni mucho menos la familia. No teníamos el balón, y aunque la Real no llegaba a chutar en condiciones, sufríamos. Piqué empezó a dar muestras de dolor, pero tras haber jugado una primera parte magnífica, eso sí, entre signos de manifiesta oposición por parte de la afición local. Isak pudo empatar al filo del descanso pero chutó francamente mal.

Sorloth falló lo indecible en la reanudación; Del Cerro interrumpió el partido hasta que la megafonía de Anoeta advirtió que no se lanzaran objetos. Es curioso que te tengan que advertir de estas cosas. El Barça se hacía como el que no había vuelto del descanso, pasivo, dormilón. Araujo se marchó lesionado, le sustituyó Eric. La Real empezaba a frustrarse al negársele el empate entre tantas ocasiones, y viendo al Barça impotente, incapaz de ligar tres pases. Eric perdió su primera mano con Sorloth pero Ter Stegen rechazó el disparo con el pie. Pésimos minutos azulgranas. 86% de posesión local, 70% del juego en el campo visitante. Insólitos datos para la historia del Barcelona, al que le faltaba fútbol por todas partes. Dest entró por Alves. El Barça continuaba extraviado, aunque pareció organizarse un poco más sobre el minuto 70.

Partido muy mediocre del Barça, lo mejor fue sin duda la victoria. Estricta supervivencia y con la nariz tapada. Como una habitación para dos cuando ya no nos queremos demasiado, y el niño con ganglios, los de Xavi se llevaron los tres puntos, siendo ellos mismos los primeros que no parecían interesados.


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