El Calderón revive en el Metropolitano

Escrito por el noviembre 18, 2017

La música sonaba muy alta, demasiado alta, en la perfecta tecnología del Wanda cuando el Real Madrid saltó a calentar al recinto. Luis Fonsi se mezcló con la bronca de la parroquia colchonera, que no alcanzó todos los decibelios de costumbre porque el estadio es más abierto, más permeable al aire, menos invasivo para los protagonistas del césped. Las gradas estaban medio vacías aún y las luces de los palcos vip denotaban ya la actividad. El fondo sur quería agitar al personal con las tradiciones de toda la vida y un colorido espectro de banderas en tonos rojo, azul y amarillo. «Madridista el que no bote, eh, eh». El refugio del antimadridismo une a los colchoneros, que no necesitaron mucho para activarse. «Jamás, jamás, te dejará esta hinchada, que en las buenas y en las malas, nunca deja de animar».

Sergio Ramos, Cristiano y el exatlético Theo agruparon la inquina rojiblanca en la presentación de la alineación blanca. El Madrid une a los atléticos. El juego de luces y sonido para la puesta de largo de largo del equipo local mostró que el club ha ingresado en algo parecido a la modernidad.

Las gentes colchoneras se sintieron en casa, como si no hubiera existido el traslado, cuando calló el speaker, se apagaron las luces, la música y el estadio entero interpretó a capela y a una sola voz el himno del Atlético. «Yo me voy al Manzanares, al estadio Vicente Calderón…».

Himno repetido
Tan fervoroso fue el momento, tal grado de aceptación tuvo la espontánea reacción de la grada, que el protocolo del club decidió repetir el himno para que el público se explayase en su gusto. Dicen que la acústica del Wanda Metropolitano es diferente a la acostumbrada del Vicente Calderón, esa sensación de espacio abierto en lo nuevo frente al recogimiento y la opresión del antiguo recinto. Y que la olla a presión no es tal porque da impresión de campo neutral.

No fue el caso ayer. El Wanda colocó otro peldaño en su historia reciente en el curso de un partido que empezó con el Atlético echando espuma por la boca, tal vez por el preámbulo emotivo, por el tejido de sentimientos contra el Madrid.

«Alé, alé, alé…», vociferó el fondo en un intento por insuflar ánimos a un equipo que fue perdiendo resuello con el paso de los minutos y al que también trató de jalear Simeone con el impulso de la grada. Los brazos en alto del técnico reclamando algarabía no pasaron inadvertidos en un estadio que intenta captar el mismo pálpito que el antiguo Calderón.


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