El laborioso camino de Alonso hacia el podio 98

Escrito por el noviembre 22, 2021

Antes de la euforia, una disculpa. «Perdón por el retraso», escribe Fernando Alonso en sus redes sociales. «El podio 98 ya está en casa», se felicita en un alegría contagiosa que expresa lo que ya se sabía: el piloto sigue con hambre.

Vuelve esa felicidad en la palabra y en el lenguaje gestual para un campeón que nunca dejó de creer. En Qatar y en el Fórmula 1 pocos no se alegran del éxito de Fernando Alonso, encaramado al podio en un trío que representa el talento. Los tres mejores pilotos de las últimas décadas, Hamilton, Verstappen y Alonso, lucen sonrisa en la escalera de los trofeos.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="es" dir="ltr">IQ nivel 1000 <a href="https://twitter.com/alo_oficial?ref_src=twsrc%5Etfw">@alo_oficial</a> <a href="https://t.co/pGzwqtqqX7">pic.twitter.com/pGzwqtqqX7</a></p>&mdash; DAZN España (@DAZN_ES) <a href="https://twitter.com/DAZN_ES/status/1462738808957452295?ref_src=twsrc%5Etfw">November 22, 2021</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>

A Alonso le ha costado más disgustos llegar hasta ahí de nuevo. Tenía 97 podios en su era triunfal en la F1, concentrados en algo más de diez años, desde 2003 hasta 2014, desde el alucinante Renault azul pasando por el McLaren de Ron Dennis y Hamilton, al Renault naranja y al Ferrari eternamente rojo. Y el 98 le costó un mundo.

Siete años, los que pasaron desde su salida de Ferrari. En 2014, en su último podio, Alonso ya tejía su salida de la escudería italiana, que nunca ha vuelto a ganar un Mundial desde 2007 con Kimi Raikkonen y por la pelea entre Alonso y Hamilton. En 2014 no se entendía con el entonces jefe de Ferrari, Marco Mattiacci, que había sustituido al actual CEO de la F1, Stefano Domenicali.

Alonso salió de Ferrari después de cinco años productivos, en los que se le escapó el tercer título entre los dedos (2010 y 2012), y emprendió una espiral cuesta abajo de resultados en el regreso a McLaren (2015). La sociedad con el motor Honda tuvo un resultado catastrófico, pero tampoco el chasis del coche estaba a la altura. Un abandono detrás de otro, temporadas vacías que ni siquiera el acuerdo con los motores Renault rehabilitó.

Alonso se retiró de la F1 en el otoño de 2018 y en una reciente entrevista decía: «Me debería haber retirado antes».

Se fue con el ánimo de volver. Era un hasta luego, no un hasta siempre. Ese tercer título que le escuece y le mantiene con vida. Fuera de la F1, se dio un festín. El Mundial de resistencia con Toyota, dos victorias en las 24 Horas de Le Mans, las 24 Horas de Daytona, el asalto a las 500 Millas de Indianápolis, su debut estelar en el Dakar… Una mezcla de sabores con final en el lugar que quería, de nuevo la F1.

Su regreso tuvo más complicaciones que satisfacciones. Los primeros meses en el Alpine (ex Renault) fueron tormentosos para el español, quien reconoció que los coches habían cambiado mucho y era él quien no se adaptaba. Hubo nubarrones en las primeras carreras (10º, 18º, 8º, 17º, 13º) y un punto de impaciencia por ser vos quien sois. Alonso, dos veces campeón del mundo, el tipo que cambió la Fórmula 1 en España.

Desde el verano Alonso le ha cogido el aire al Alpine (4º, 6º, 7º, 8º), siempre en los puntos, siempre fiable, siempre competitivo los domingos. En Qatar no hubo accidentes ni sobresaltos ni suerte. El Alpine funcionó como un reloj y Alonso lo llevó al podio. Como expresó la Fórmula 1 en sus cuentas oficiales. «Regresa al lugar que le corresponde».


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