El Madrid lo borda en Granada

Escrito por el noviembre 21, 2021

En Granada jugó el primer Madrid de Ancelotti uno de sus mejores partidos y con el segundo volvió a bordarlo.

La hora era peligrosísima. Muchos estarían ya cabeceando, luchando contra titánicamente contra el sueño, cuando llegó, pronto, como ya es habitual, el primer gol del Madrid, un pase de Kroos que Asensio condujo con su zurda y remató bien con la derecha. Volvió a demostrar eso que llamamos verticalidad. Se fue directo al gol. Se presenta un duelo interesante con Rodrygo por la plaza en el extremo derecho. La recuperación de Asensio, que tanto intentó Zidane, que con tanta paciencia buscó, parece estar lográndola Ancelotti, aunque tratándose de Asensio conviene no dar nada por conseguido.

El origen de la jugada de ese gol había sido un error de Gonalons que pilló desguarnecida a su defensa. ¿De qué sirve cualquier planteamiento de seriedad, contención o presión en un equipo en principio menor si luego quiere jugar sin red ante los grandes? Con muy poco había marcado el Madrid, al que le bastaba la seriedad y la buena posición, con sus centrales bien arriba.

Minutos después, llegó el 0-2 a balón parado: córner ensayado que remató Nacho de primeras con un gran gesto y sorprendente vivacidad de tobillo.

La pregunta, llegados a este punto, y recordando los antecedentes (antecedentes que el período de selecciones hacía difícil recordar) era si el Madrid sería capaz de seguir jugando igual o se desconectaría tumbándose a la bartola defensiva.

No fue muy llamativa esta vez, pero se produjo una nueva y ligera desconexión que el Granada aprovechó para marcar. Perdió la pelota un atolondrado Vinicius, y el chut de Luis Suárez golpeó felizmente para él en el cuerpo de Nacho, definitivo en las dos áreas.

El Granada se metía en el partido, y el partido, a su vez, retomaba por un instante su primer rostro, el de la circunspección táctica, el del encono, el de los ‘presingcitos’ puñeteros y la lucha de líneas y entre lineas. La diferencia es que ahora el Granada estaba más convencido. Robert Moreno, tan analítico, quizás había tenido cierto mérito en el gol pues se orquestó una presión sofocante y múltiple sobre Mendy y Vinicius en la salida de la jugada. Ancelotti, «supercrack sin estridencias», según Moreno, veía que su equipo amenazaba con volver a caer en un estado de narcolepsia. Courtois le tuvo que parar un chut a Gonalons y luego otro a Suárez.

En el Madrid habían empezado bien algunos jugadores. La media brillaba en la primera circulación de la jugada, hubo una gran agilidad entre Modric, Kroos y Casemiro, buenos escalonamientos, pero al equipo le faltaba aun lo fundamental: ni Vinicius ni Benzema eran los de otras veces. El francés apareció por primera vez en el 44 con un tiro que provocó la parada de Maximiano. Su estirada fue como el corrimiento del telón de la primera parte.

Faltaba Vinicius, soñoliento y despistado de tanto vuelo, y regresó del descanso dispuesto a poner patas arriba el partido. Lo consiguió. Lo logró en 25 minutos. Comenzó robando una pelota al alimón con Benzema, como si también estuvieran juntos en la voracidad, para un chut posterior de Kroos. El Madrid empezó a llegar a ritmo de martinete: Carvajal, Mendy… Vinicius, la expectativa de Vinicius, daba alegría al juego, lo convertía en algo diferente. En algo de nuevo infantil, como tiene que ser el fútbol. Excitante para los niños, infantilizador para los mayores. Esto consiguen jugadores así: que los niños quieran crecer imitándolos, y que los adultos recuerden la niñez del juego.

Es curioso esto. Durante años, cuando se señalaba que el fútbol era atroz, que estaba siendo atroz, no solo el del Madrid, pero también el del Madrid, esto se consideraba acritud, acidez o incluso algo peor. Sin embargo, la primera justificación que se da para la Superliga es, precisamente, salvar el fútbol del aburrimiento. ¿En qué quedamos? El fútbol estaba colapsado de tedio y sopor y Vinicius es una bendición.

El Granada colaboró con muchas facilidades. Le permitía enormes espacios al Madrid, que tiene ya de por sí maneras de latifundista. No puede extrañar que disfrutara con una agilidad encomiable en la dirección del juego. La pelota viajó con fluidez por los circuitos del mediocampo. El Casemiro, Modric, Kroos estuvo muy bien. Es como si el triunvirato tuviera vislumbres de una nueva agilidad. Es el de siempre, pero ayudado por la velocidad trasera de Alaba y por la velocidad delantera de Vinicius: el efecto es como si al Casemiro-Modric-Kroos le hubieran salido ruedines.

Vinicius levantó el juego y cerró el partido. Primero, con su gol en el 1-3. Partió desde su campo, en el extremo, y fue buscando el gol hacia el interior. Contó con las generosidades sucesivas de Benzema y Modric, con una asistencia-desplante.

Vini esta vez no tocó la pelota, solo llegó para rematar. Ahora todo lo que hace parece inteligente. Ha recibido el bautismo de los meñiques disparatados y cada gesto, cada acción, será interpretado como una visionaria hermenéutica de espacios.

Tras el gol llegó el segundo puñetazo en la mesa de Vinicius. Se fue de varios en la banda y esto provocó la impotencia de los defensores del Granada, convertidos, de repente, en aquel viejo Granada de cuando Amancio. No fueron duros, pero iban detrás del veloz extremo con el muslo fuera, lanzando la pierna con poca mesura y bastante desesperación. Iban al bulto inasible en que se convierte Vinicius cuando corre la banda. Así fue expulsado Monchu, con roja directa. Se puede discutir que fuera roja, pero tampoco era solo amarilla. La expulsión concluyó el partido y fue acompañada de la de Robert Moreno, que alcanzó cierto histerismo en su indignación. Ancelotti, que tiene flema y experiencia para todos, intentó calmarlo.

Cuando recibió la falta de Monchu, Vinicius sonrió con suficiencia desde el suelo. Su superioridad puede comenzar a ser considerada insultante en cualquier momento. Se cierne la fatwa sobre Vinicius, demasiado veloz, demasiado bueno, demasiado feliz.

Su segunda parte fue de sobresaliente y fue sustituido por Rodrygo. 25 minutos a la altura de su lambreta contra Argentina.

El Madrid dominó el resto del partido, más cerca de la exhibición y el puntillismo que de cualquier reacción local. Mendy marcó el cuarto entrando hasta el fondo y jugaron los infrecuentes. Hasta Vallejo tuvo minutos. Le queda a Ancelotti recuperar algún jugador más. Valverde, Asensio, Nacho o Lucas son ya banquillo y carne de rotación feliz, pero necesita recuperar un par de jugadores más, que serán, viendo los nombres que quedan, un par más de milagros deportivos.


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