El Madrid naufraga ante Mirotic

Escrito por el diciembre 10, 2021

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Barcelona y Real Madrid
llegaban al primer clásico europeo empatados en lo más alto de la clasificación, lo que anticipaba un duelo equilibrado que no fue tal. Lo dominaron los azulgranas merced a una defensa que desquició a su rival y que allanó el camino para la exhibición de Mirotic, autor de 31 puntos y 10 rebotes en su mejor noche de siempre en la Euroliga (39 de valoración).

Y eso que amaneció mejor el Real Madrid, instalado en el miedo que provoca Tavares cerca del aro y acunado por el acierto de Hanga en su vuelta al Palau (2-9, min. 2). Vivía feliz el conjunto blanco, pero era una felicidad ficticia. Tardó poco el Barcelona en dar un vuelco al partido, desatando esa furia defensiva que ha acuñado como seña de identidad y agarrándose a Mirotic como un salvavidas en medio del mar. El pívot, incontenible, sumaba con una facilidad pasmosa sin importarle la cercanía de Yabusele. En realidad, nada le importaba, porque sentía el cosquilleo de las grandes noches. Antes de acabar el primer cuarto sumaba ya trece puntos sin fallo con los que el Barcelona le había dado la vuelta al marcador (24-19).

Era el Madrid un cajón de sastre en el que cada uno hacía la guerra por su cuenta. Se estrellaba una y otra vez contra el muro instaurado por Jasikevicius, en el que Jokubaitis era capitán general. El joven base lituano, rescatado por el técnico de las garras de la NBA, se ha convertido en el líder defensivo del conjunto azulgrana. Una retaguardia que rozaba ayer lo ilegal, pero que amparada por el trío arbitral fue dándole a su equipo una ventaja cada vez mayor. Fue Davies el que tomó el testigo ofensivo de Mirotic, convirtiéndose de repente en otra pesadilla para los blancos. También era infalible su lanzamiento (14 puntos al descanso sin fallo), con el que los azulgranas llegaron a mandar hasta por doce puntos (45-33, min. 16).

Tímida reacción blanca
Tras haberse ido al banquillo lastrado por las faltas personales, Tavares volvió a la cancha y con él se ajustaron de nuevo las piezas. El pundonor de Rudy y Llull, incuestionable siempre su derroche en la cancha, impulsó al Madrid, aunque seguía sin fluidez. Cada canasta era un sudoku para los blancos, que sumaban solo por corazón. Dos chispazos de los exteriores silenciaron al Palau (47-41, min. 18), que volvió a incendiarse con el regreso de Mirotic y una técnica a Pablo Laso que agrandó la distancia entre ambos equipos al descanso (51-42).

La línea de tiros libres, que por entonces se había convertido ya en una enemiga para el Madrid, siguió siendo un suplicio para los blancos tras el paso por los vestuarios (11 de 21 al fiunal del partido). Una sangría que escenificaba el descalabro del equipo visitante, que solo se mantenía en pie por su orgullo.

La reaparición de un gris Yabusele y el arrojo de Williams-Goss eran un consuelo menor ante la avalancha azulgrana, donde hasta Laprovittola se animó a sumar con una facilidad desconocida por sus excompañeros. El base se lució en una segunda parte en la que el Barcelona siempre controló el choque. Nunca tuvo el Madrid opciones reales de acercarse en el marcador, aunque nunca bajó los brazos. Orgullo que marca el camino y que da esperanzas a los blancos, que el 2 de enero tendrán revancha en el WiZink en el primer envite liguero de la temporada.


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