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El Madrid no tiene alma

Escrito por el abril 13, 2022

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Nueva derrota del Real Madrid, la octava en los últimos nueve partidos, esta vez ante un Bilbao al alza que se envalentonó tras palpar de primera mano el crítico estado de los blancos. Un equipo que hace tiempo que perdió el rumbo y que ha sido sepultado por la tempestad, que llega al momento más importante de la temporada con su alma rota en mil pedazos. El Manresa y el Joventut están a un solo partido de quitarle la segunda plaza de la clasificación y, mientras se hundía el barco en Bilbao, se confirmó que jugarán la primera ronda de los playoffs de la Euroliga ante el Maccabi del Tel Aviv, un conjunto siempre espinoso en clave continental.

No se encuentra el Madrid ni tan siquiera tras su bravo partido en Barcelona el pasado fin de semana. Quizás el esfuerzo del Palau condicionó su puesta en escena en Bilbao, errática y dubitativa, hasta cinco pérdidas acumularon los de Laso en los primeros minutos de encuentro mientras los locales encontraban espacio para sus diabluras, bien edificadas desde la pizarra de Álex Mumbrú, que hoy subió al Olimpo bilbaíno tras ver cómo su camiseta se unía a las del resto de leyendas del club en el techo del recinto. Solo Deck mostraba colmillo en la manada blanca y el resultado al fin del primer cuarto era, una vez más, desfavorable para los madridistas.

Un bombardeo lanzado desde la muñeca de Llull perfiló a los visitantes. El mallorquín, con una serie de tiro finísima (14 puntos en la primera parte) hizo retroceder a los vascos e igualó el marcador. El Madrid competía gracias al acierto exterior y el Bilbao se difuminaba ante la precisión de sus rivales. Sin embargo, los blancos necesitan, en plena crisis, un entorno absolutamente controlado y favorable para respirar y, Bilbao, no es una de esas plazas. Los de Mumbrú se envalentonaron en los últimos minutos y un triple sobre la bocina de Goudelock, ex de los Lakers, acabó por reiniciar el partido antes del descanso.

Masiulis, haciendo honor a su sangre báltica, comenzó la segunda parte con un gran acierto, movimientos suaves y eficaces los del lituano, imperceptibles para la defensa blanca, oxidada como pocas veces se recuerda en la época Laso. La desventaja del Madrid comenzaba a ser sangrante, un bucle infinito de bofetadas el que ha recibido esta temporada, casi nunca sin opción de réplica. Incluso Tavares, un monstruo dominante como pocos en la historia del baloncesto español, parecía un roble quebrado ante la defensa bilbaína. Sin embargo, los tiros libres y otra vez Llull, candente como pocas veces esta campaña, consiguieron rehacer al Madrid con un gran parcial y rebajar la ventaja a un solo dígito.

El duelo era una ruta de montaña, ríos de puntos y buenos picos de juego de unos y de otros, aunque el Bilbao se mostraba mucho más serio en sus propósitos. El Madrid blandía el hacha con más fuerza, como siempre, cuando más cerca estaba del precipicio y Goudelock continuaba agujereando el aro rival. Rousselle tiraba de talento para decantar el duelo, enquistado y denso en sus últimas posesiones, momentos en los que el Madrid suele mostrar más flaqueza esta temporada, incapaz de cerrar duelos cuando el balón quema y se necesitan remeros decididos. El Madrid, un equipo de rodillas y sin alma en el momento culmen de la temporada.


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