El PSC pide liderar desde Catalunya una derrota al PP: «Temblad»

Con su último «¡todo al rojo!», el PSC ha echado el cerrojo a su campaña electoral con el tándem entre Meritxell Batet y Salvador Illa llamando a ejercer de locomotora del PSOE para pararle los pies al PP. Lo hacen con el alma en vilo, porque pese a que se da por descontada su victoria en Catalunya, la duda es si su resultado será suficiente, si servirá para que Pedro Sánchez le dé la vuelta a los pronósticos y envíe a la derecha a la oposición. En el último suspiro de la contienda, los socialistas catalanes han buscado insuflar moral de victoria y lanzado un mensaje a los populares: «¡Temblad, se os quedará la sangre helada!».

Lo que está en juego, insisten, no es menor. Han apelado al voto «masivo» el próximo domingo ni más ni menos que en «defensa» de la democracia. El PSC, que se ha echado a la espalda la aspirada «remontada», ha exhibido en este último acto su poderío dentro del PSOE en un momento en que ha perdido la batuta en grandes feudos como el andaluz o el valenciano. Batet, además de Illa -en estos momentos, el principal gran barón socialista con el que cuenta Sánchez- se ha rodeado de los ministros Miquel Iceta y Raquel Sánchez para pedir a los votantes que el domingo acudan a las urnas siendo conscientes de que el riesgo de «retroceso» es real, que ningún derecho ahora vigente se puede dar «por descontado».

Illa ha puesto nombres y apellidos a esos «riesgos»: la convivencia en Catalunya, la libertad de creación y consensos como la lucha contra la violencia machista. «No se cortan ni un pelo en decir que las cosas van a ir a peor que en 2017 si ellos gobiernan y censuran, prohíben revistas en una biblioteca pública», ha recordado tratanto de zarandear el voto ante el temor de ese escenario de un PP de la mano de Vox. La principal baza con la que han jugado en esta contienda es el voto útil para impedir un Gobierno que han repetido por activa y por pasiva que será lesivo para los intereses de los catalanes.

En las últimas dos semanas han reclamado la confianza a los votantes de derechas e izquiedas, a progresistas y a moderados e incluso a independentistas que, ante la división de ERC y Junts, priorizan garantizar que Catalunya «no pague el precio» de tener a Alberto Núñez Feijóo de presidente. En el mitin final, de la mano de las joventudes del partido, no han faltado los carteles con la burlesco lema ‘Fake-Jóo’ ni carteles de grandes dimensiones con el rostro de Pedro Sánchez. El voto de los jóvenes y el de las mujeres ha sido ampliamente interpelado ante el duelo con el PP.

«Buenas sensaciones, pero sin euforias»

«Acabamos con buenas sensaciones, pero sin euforias«, ha dicho el líder del PSC. Porque en la sala de máquinas de la calle Pallars hay el convencimiento de haber hecho todo lo que estaba a su alcance y, al mismo tiempo, contienen la respiración por el veredicto de las urnas. Ha sido una campaña a la ofensiva contra el PP y Vox, más subida de tono de lo que preveían tanto Batet como Salvador Illa, que ha exprimido un perfil inusitadamente beligerante -suele no salirse nunca de la raya de la moderación- contra Alberto Núñez Feijóo. También de defensa de una obra de Gobierno en materia económica y de «protección» de los ciudadanos en medio de una pandemia y de los efectos de una guerra.

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Con esas credenciales, el PSC está en disposición de volver a ganar unas elecciones generales en Catalunya. La última vez que lo hizo fue con Carme Chacón al frente y un resultado récord de 25 diputados. No existían en aquel momento ni Podemos ni Vox, motivo por el que ahora, con una mayor fragmentación, los socialistas catalanes ven inalcanzable una representación de esa magnitud. Pero sí que aspiran a superar la barrera de los 15 diputados -en 2019 obtuvieron 12- y ponen especial importancia en el diferencial respecto al PP, que calculan que debería ser de por lo menos 10 para intentar frustrar las expectativas de los populares de ganar a escala estatal.

Con independencia de lo que suceda el domingo, Illa busca completar el triplete tras ganar las catalanas de 2021 y las pasadas municipales y engrosar así su trayectoria con la presidencia de la Generalitat entre ceja y ceja. Eso sí, siendo consciente de que no será lo mismo sin la atalaya que supone que los socialistas continúen llevando el mando en la Moncloa.

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