Estamos, ¿no?

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En una taberna del puerto de Comillas un grupo de pescadores mayores ultiman un temeroso plan para salvar del desahucio a una anciana del pueblo a manos de su hijastro desagradecido. Es una noche cerrada y el diluvio que está cayendo acentúa la tensión del momento. Una vez que el cabecilla les ha expuesto el plan y sus peligros mira interrogativamente a su banda. A lo que el que tiene la cara más curtida por la mar le espeta: estamos, ¿no? En esta tan breve y llana afirmación de esta secuencia de 'El color de las nubes' se sintetiza la actitud vital de Mario Camus . Sin lugar a dudas Camus siempre ha estado donde debía estar de acuerdo a sus convicciones. Ha hecho el trabajo que tenía que hacer. Contar historias, describir lugares y narrar momentos importantes y determinantes para las personas. Ha sido fiel con una sensibilidad deslumbrante al espíritu de sus maestros y amigos. Los tenía siempre presente. Así la obra de Mario Camus no se puede imaginar sin Galdós, Baroja, Stevenson, Chejov, Delibes, Ignacio Aldecoa, Claudio Rodríguez o Carmen Martin Gaite, entre otros. Ese mundo real le tenía fascinado y le daba toda la importancia del mundo. «Hay que acostumbrarse a no dominar nunca del todo nuestro trabajo. Por eso, este oficio nuestro es un oficio de gente humilde. Al fin y al cabo, de lo que se trata, es de interpretar y explicar la vida y los comportamientos humanos», decía Mario Camus. Estamos, ¿no? Era también honesto, y sobre todo fiel a sus amigos. Defendía que el cine es un trabajo en equipo, una orquesta donde hasta el último timbal es importante y necesario. Pero ante todo era para él un oficio. Y así todos los atrecistas, maquiladores, eléctricos, scripts, maquinistas, armeros, especialistas, actores, fotos-fijas, operadores, sonidistas, productores y sus ayudantes que han trabajado con él le han adorado como casi a ninguno. Los respetaba y exigía como nadie. Estamos, ¿no? El cine que deja Mario Camus está a la altura de la mejor literatura. Películas coherentes que hablan de problemas y sentimientos universales. En su última etapa productiva escribió un guión adaptando cuentos de Chejov a su Santander natal y actual. Era brillante y resaltaba aún más la obra del genial ruso. Miguel Delibes le llegó a reconocer a Mario que su versión de 'Los Santos Inocentes' era mejor que su novela. Ningún productor quiso rodar la versión de los cuentos de Chejov. Uno afamado llegó incluso a afirmar al recibir el guión que no quería producir a personas mayores de 40 años.

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