Expertos y familias denuncian «la invisibilidad» de los jóvenes con trastorno de apego por adversidad temprana

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Petales Madrid, asociación de familias de niños y jóvenes afectados por trastorno de apego por adversidad temprana , denuncia «la falta de apoyos y la invisibilidad» que padecen, además de las «grandes dificultades» con las que se encuentran en sus relaciones sociales, afectivas, laborales y familiares». Por eso, su presidenta, Úrsula Martínez, destacó durante una reunión sobre vida independiente e integración sociolaboral de este colectivo, organizado junto a la agencia Servimedia, que se trata de un grupo «muy vulnerable». En este encuentro también participaron Sonia Pérez, coordinadora del programa Incorpora en Madrid y miembro de fundación Tomillo; Javier Múgica, de Adoptia atención psicosocial, y Jesús Garrote, responsable del proyecto de la casa escuela Santiago uno. De hecho, Petales participa en programas de estas tres entidades para la inserción laboral, el fomento de la autonomía personal y la educación «de segunda oportunidad», respectivamente, a fin de mejorar la vida de sus hijos. Según Martínez, la tasa de titulación en la ESO entre los afectados «apenas ronda el 40% y el 90% de nuestros chicos están en paro». Además, agregó que de los que sí tienen trabajo, muchos ocupan un puesto inferior a su cualificación y que en otras ocasiones están contratados por algún familiar. Invisibilidad El trastorno de apego es una consecuencia de la adversidad temprana, explicó Martínez, «un fenómeno del que se sabe muy poco». Su origen está en el abandono, la desatención y los malos tratos sufridos durante los primeros años de vida e incluso durante la gestación. Aunque «los síntomas varían en cada niño», señaló que en general presentan una muy baja autoestima, mucha ansiedad e irritabilidad, poca tolerancia a la frustración… «Todos estos factores aumentan el riesgo de adicciones, consumo de sustancias tóxicas, conductas desajustadas, comportamientos sexuales inadecuados y otros durante la adolescencia», resaltó. Con todo, Martínez subrayó que «si (este trastorno) se detecta a tiempo y se trata, se puede solucionar». «Lo que ocurre es que en general, se suele dejar pasar y estos niños no reciben ninguna atención». Por eso, cuando llegan a la adolescencia, presentan problemas muy graves de conducta y un alto índice de abandono y fracaso escolar. A su juicio, todo esto obedece a una «gran falta de conocimiento» por parte de la sociedad y a la falta de implicación de las administraciones. En España no hay ningún dato sobre el número total de afectados. «Nuestro problema es de invisibilidad», recalcó. Por eso, explicó, que desde Petales «acudimos a empresas de Economía Social, a fin de «conseguir las terapias y los programas individualizados que nuestros hijos necesitan». Destacó que muchos de estos chicos fracasan en la educación reglada, son incapaces de seguir un proceso selectivo, acudir a una entrevista, establecer una rutina Y, en definitiva, cumplir los mínimos exigidos para lograr una ocupación. De ahí la importancia de experiencias como el programa Incorpora de Fundación 'la Caixa', destinado a la inserción sociolaboral de colectivos vulnerables, que el año pasado puso en marcha la línea Incorpora Joven en la Comunidad de Madrid. «Fue así como conocimos a Petales», explicó Sonia Pérez, coordinadora de Incorpora en Madrid, y «tras reunirnos con ellas, empezamos a acercarnos para comprender mejor esta realidad». Veinte agentes de Incorpora ya han recibido formación especializada por parte de Petales. «Al igual que el resto de jóvenes de nuestros programas (extutelados, menores del sistema de protección y de acogida, inmigrantes, población gitana, etc.), vimos que estos chicos necesitaban un acompañamiento y una atención muy personalizada, con el diseño de itinerarios individualizados», avanzó Pérez. A su juicio, la ausencia de un diagnóstico adecuado y de atención individualizada en la infancia «les ha supuesto mucha incomprensión en el sistema educativo y a nivel social, donde en general se les han negado los apoyos y la ayuda que precisaban». La clave de Incorpora Joven es ofrecerles un itinerario flexible y adaptado a sus características y necesidades particulares, tanto a nivel formativo, como de orientación vocacional y de búsqueda activa de empleo. Asimismo, prosiguió, «nuestros técnicos de intermediación laboral realizan una prospección entre empresas para buscar puestos de trabajo que se ajusten a su perfil y ofrecérselos». Son acompañamientos muy intensos y largos, que a veces deben retomar. También Javier Múgica destacó la necesidad de ofrecer un «apoyo personnalizado y adaptado a estos chicos», con los que el dispositivo Adoptia Atención Psicosocial, de la cooperativa Agintzari, lleva más de 25 años trabajando. «Nos llegan chavales del sistema de acogida, adoptados y también con otras características compatibles con este trastorno. A lo largo de este tiempo hemos tratado con más de 2.000 chicos y chicas, a los que hemos visto crecer». «Por eso sé que hay esperanza para ellos», insistió, pero «se necesita trabajo y esfuerzo diario», algo que, «lamentablemente, no siempre se les dedica». En su opinión, son niños y jóvenes «víctimas del «desconocimiento social y de la invisibilidad». Por un lado, «la ciudadanía ignora su realidad», apuntó, y por otro, «hay muchos profesionales que tampoco saben ni qué les pasa ni qué hacer con ellos». «Es importante que la gente sepa que el abandono y ¡el maltrato de menores no sale gratis. Los niños lo pagarán a lo largo de su vida», subrayó. Creer en ellos Jesús Garrote consideró que «la clave pasa desde luego por personalizar, porque no se puede dar a todos lo mismo, pero también por hacer que la sociedad tome conciencia de lo que ocurre con ellos». Además, indicó que a lo largo de más de 50 años con estos menores y jóvenes, ha comprobado que «tienen talento, posibilidades de desarrollo y, en general, mucha sensibilidad». «Eso sí, necesitan recursos adaptados a ellos, donde se respeten sus tiempos y sus necesidades», destacó. Su programa propone combinar la educación reglada con una cata de oficios primero, para quienes no pueden acceder a la Formación Profesional, y luego un ascenso paulatino en los estudios, pero «siempre con un enfoque muy práctico». «El 80% de los alumnos que tenemos en nuestras casas escuelas han conseguido titularse en la ESO», afirmó, «y la gran mayoría ha obtenido una capacitación profesional en los talleres». Allí, en plena naturaleza, conviven con inmigrantes, menores tutelados y otros jóvenes en exclusión social y, según Garrote, «demuestran una gran capacidad de ayuda y colaboración». «También han participado como voluntarios en nuestros programas de desarrollo en Marruecos y Paraguay», prosiguió, asegurando que obtuvieron «un éxito muy notable». En opinión de este profesional, «el sistema educativo ordinario muchas veces maltrata a estos chicos. Los mete en un embudo y destroza su autoestima». La misma idea manifestó Úrsula Martínez, quien pidió «respeto y comprensión hacia los tiempos y necesidades» de estas personas. Otro de los problemas que señaló Martínez tiene que ver con la percepción del riesgo de exclusión. «Como muchos de nuestros hijos pertenecen a familias de clase media, no son considerados miembros de colectivos en riesgo y no pueden acceder a muchas ayudas», lamentó. Recalcó que ya en 2008, la ONU habló de las discapacidades psicosociales y señaló que las graves consecuencias de los trastornos en el vínculo son conocidas entre los especialistas. «Por eso muchas veces no entendemos esta falta de apoyos y de comprensión», declaró. No obstante, afirmó que su objetivo no pasa por el reconocimiento de una discapacidad automática para todos los jóvenes con trastorno de apego por adversidad temprana. «Habrá quien la necesite y pueda beneficiarse de ella y quien no», puntualizó. «Sólo pedimos que se tengan en cuenta sus circunstancias y que reciban la ayuda que necesitan, con una mirada limpia y sin prejuicios», reclamó. Para Javier Mugica, «estos jóvenes tienen un gran potencial y debemos tener confianza». «Necesitan nuevos dispositivos y que el sistema se adapte a ellos, pero hemos visto que cuando se les apoya, ellos funcionan», concluyó.

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