Garbiñe Muguruza, una maestra única en la historia

Escrito por el noviembre 18, 2021

En realidad, ella lo dijo, nunca se había ido. «El tenis estaba allí. Y cuando estás una vez arriba sabes que puedes volver a estarlo», afirmaba. Así es. Garbiñe Muguruza vuelve a reinar en el planeta tenis, esta vez como maestra tras una semana impecable en la que disipó las dudas del inicio y ha terminado con confeti, desbordante la sonrisa que se iluminaba con el reflejo en la Copa de Maestras. Primera española en lograrlo. Muguruza añade un renglón a la historia del tenis nacional.

En los seis últimos años de este torneo de élite que cumplía en este 2021 su quincuagésima edición (no se celebró en 2020 por la pandemia de coronavirus), seis nombres se han tallado en el trofeo. Ninguno con tanta edad como el de Muguruza, 28 años repletos de energía como mostró esta semana, especialmente lúcidos sus encuentros de clasificación, contra Anett Kontaveit, la semifinal ante Paula Badosa y esta final para el recuerdo contra la estonia de nuevo, a quien desarboló por todos los lados aun cuando el marcador, tanto en el primer set como en el segundo, se iluminaba hacia el lado contrario.

Este saber estar, superior, paciente, concentrado, efectivo, campeón, no es fruto de esta semana, sino de un curso, o de dos incluso, de evolución. En realidad, es fruto de todos estos años de Muguruza en la pista, pues el crecimiento llega tanto en finales de Grand Slam con apenas 21 años (Wimbledon 2015), como con mordiscos en Roland Garros (2016) y Wimbledon (2017) y, casi sobre todo, con las irregularidades, sombras, bajones de intensidad, también lesiones. Costaba encontrar esa regularidad, siempre con prisas por saborear otro momento mágico en la pista central y perdiendo de vista que esos solo llegan peleando en las pistas de fuera. Del 9 de abril de 2019 al 14 de marzo de 2021, fueron más de 700 días sin premios, una travesía demasiado larga y con muchas trampas mentales para su tenis, su clase, su ambición. También muchas lecciones para crecer y completarse, pues el juego, no obstante, siempre estuvo allí.

Metas
«La gente puede pensar ahora, ‘mira, Muguruza ha vuelto’, pero en los últimos dos años no he estado jugando mal. Siempre he sentido que tenía el tenis. Siempre creía que podía volver a las grandes rondas. Solo tenía que demostrarlo», indicó. En 2020 se plantó en la final del Abierto de Australia, solo Sofia Kenin (4-6, 6-2 y 6-2) la dejó sin premio. Después fue la pandemia la que cortó la proyección. Es verdad que los grandes escenarios le han sido esquivos, sin alcanzar los cuartos de final en ninguno de los Grand Slams. Pero las cartas de su tenis mostraban firmeza y serenidad para trucos de magia futuros. Ya en 2021, quiso volver a esa inercia, aunque también las lesiones frustraron su regularidad a mitad de temporada, con ese tobillo que le dio la lata. Y aún así: «He tenido el año con más finales (cinco) y con más títulos de mi carrera (tres: Dubái, Chicago, Copa de Maestras). Sí, es mi mejor temporada», expuso sincera.

También, alargadas sus palabras desde lo que reflejaba su semblante, la más feliz. «Ha sido un curso complicado, con altos y bajos, con lesiones. Pero soy una Muguruza más calmada, menos quejica». Y ahondó después en lo que supone esta vuelta a la cima del tenis. «Es una evolución. Ahora soy una Garbiñe más compuesta, con más años y experiencia y perspectiva para llevar los buenos y los malos momentos. Esta semana ha sido un ejemplo, no creo que lo hubiera conseguido antes».

Es esta semana el reflejo de estos tres cursos de parar, tumbarse en el diván y reverdecer desde todo su potencial. Comenzó el torneo con dudas, demasiados fantasmas en la cabeza porque le había tocado un grupo duro, con desventaja en los cara a cara con las rivales. «Pero he aguantado fuerte. Me he demostrado que sí puedo. Tenía que decirme ‘tú querías estar aquí, estate tranquila, deja de quejarte’. Aférrate a las oportunidades pequeñas que tengas. Siempre he estado pensando en positivo. Y lo hice». Después de empezar con derrota en el torneo, cumplió con el objetivo: ocho sets consecutivos sujeta a un plan brillante: agresividad, ángulos, alturas y, sobre todo, concentración y calma. No salirse del trayecto. Así en la semana como en la final. Así en el torneo como en el año. No salirse de lo que más le motiva. «Es bonito estar arriba [como número 1], pero es esa sensación de llevarte el trofeo es lo que me hace ser más ambiciosa. Esa sensación de que lo has conseguido es lo más».

De ahí que apunte a todo porque lo tiene todo para alcanzar lo que ya sabe que puede, porque ya estuvo allí y vuelve a estarlo. Será, desde el próximo lunes, 3 del mundo, número que no pisaba desde julio de 2018. «Es la recompensa a un año largo y la recompensa de que estamos trabajando en la buena dirección. Es una gran posición para 2022. Son los trofeos lo que más me motiva. Este no sé en qué nivel ponerlo, es el Masters, es especial, como un Grand Slam. Quedan todavía unos grandes títulos que me faltan», vaticina o amenaza, según quién lo lea.

Se ha demostrado que puede volver a donde quiera e incluso pisar terreno desconocido. Que nada ni nadie importan si aúna cabeza, hambre y tenis. Y está todo en su sitio. Una vez conquistado el título de maestra, hay retos para seguir recreando la historia. Alcanzadas las cimas de Roland Garros y Wimbledon, solo Arantxa Sánchez Vicario ganó el US Open, en 1994, y Muguruza ya sabe lo que es superar esas tremendas marcas de la catalana. Ninguna española ha ganado el Abierto de Australia. Ella ya casi lo hizo en 2020. Pero eso será en 2022. Ahora… «Me vais a ver haciendo nada, en una tumbona».


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