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La tuberculosis, la enfermedad infecciosa más mortal

Escrito por el marzo 24, 2022

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La tuberculosis sigue siendo una de las enfermedades infecciosas más mortales del mundo, solo superada el Covid-19. Son datos del último informe del ECDC/OMS sobre vigilancia y seguimiento de la tuberculosis (TB) en Europa, que reflejan que se ha producido una fuerte caída (24 %) en los casos de tuberculosis notificados entre 2019 y 2020 probablemente debido a la pandemia, que dificultó la detección y la notificación.

El documento además advierte que las cepas de tuberculosis resistentes a los medicamentos siguen siendo una gran preocupación.

Desafortunadamente, la lucha contra la tuberculosis se ha vuelto aún más difícil en los últimos dos años. Debido a la pandemia en curso, señala el director del ECDC, Andrea Ammon, «estamos viendo una fuerte disminución en las tendencias de notificación, lo que se debe, al menos en parte, a una disminución en la integridad de los datos. No olvidemos que esta sigue siendo una de las enfermedades infecciosas más mortales del mundo».

«Gracias a una notable reducción del 25 % en el número estimado de casos de TB en la región europea de la OMS entre 2015 y 2020, los países de Europa y Asia central alcanzaron el objetivo del plan de acción regional y superaron el hito End TB de una caída del 20 % sobre este período de 5 años. Esto es testimonio del compromiso político y los avances en las estrategias de pruebas y tratamiento de la TB que hemos visto en toda la Región», afirma Hans Henri P. Kluge, Director Regional de la OMS para Europa.

Los expertos reconocen en el Día Mundial de la Tuberculosis de 2022 que no hay lugar para la autocomplacencia.

Las muertes por TB se estancaron por primera vez en dos décadas entre 2019 y 2020, cuando el Covid-19 interrumpió los servicios, dejando a las personas sin diagnóstico ni tratamiento. Para garantizar que el progreso continúe, destacan en el informe, se deben introducir enfoques más innovadores y efectivos en el diagnóstico y tratamiento de la TB y la TB multirresistente (MDR).

Históricamente han influido determinantes sociales y económicos. No hay que obviar que un menor desarrollo socio-económico se acompaña de mayor incidencia de la TB. Durante la posguerra civil, la situación epidemiológica era peor que la de otros países europeos. De ahí que el régimen franquista impulsara el “Plan Nacional de Erradicación de la Tuberculosis”, que funcionó entre 1966 y 1973.

Se practicaron millones de radiofotoseriaciones, de pruebas de tuberculina y de vacunaciones BCG, pero hubo fallos importantes en el tratamiento y el aislamiento. Costó el equivalente a 541 millones de euros y, lamentablemente, lo único que se erradicó fue el mencionado Plan.

Posteriormente, en 2007 y en 2019 se elaboraron nuevos planes para la prevención y control de la TB en España, que nuevamente se vieron truncados. El primero por la gripe pandémica de 2009 y el segundo, por la COVID-19.

En las XXV Jornadas Internacionales de TB de 2021, a nivel clínico se destacó que los sanitarios de TB tuvieron que dedicarse a la COVID-19 cancelándose o retrasándose muchas visitas. Por eso mismo los pacientes que pudieron ser visitados presentaban con más frecuencia lesiones avanzadas. Es más, en un laboratorio de referencia se objetivó una gran disminución del número de muestras procesadas pero más baciloscopias positivas de lo habitual.

En cuanto al manejo de la TB, destacaba que los pacientes de 2020 presentaban lesiones más extensas que los del 2019, con aumento de infección tuberculosa latente (ITL) y de TB en los niños que eran contacto de casos de tuberculosis. Asimismo, el Programa TB de Barcelona observó un declive de la TB del 19 % en 2020 en relación a 2019, con grandes limitaciones en la cumplimentación de las encuestas epidemiológicas, en los estudios de contactos que disminuyeron al 35 % y en la detección de brotes epidémicos.

En relación a los tratamientos, se denunció el frecuente desabastecimiento de medicamentos básicos para el tratamiento de la TB, sobre todo de aquellos que llevan rifampicina, un fármaco imprescindible, y la extrema dificultad para conseguir bedaquilina, fundamental en aquellos casos con TB multiresistente.

También supone un agravio para los pacientes europeos que en este continente no se disponga de rifapentina, fármaco que simplifica el tratamiento tanto de la TB como de la ITL.

Y llegó la COVID-19

En solo dos años, la pandemia de COVID-19 ha ocasionado, a escala mundial, más de 350 millones de casos y más de 5,5 millones de muertes, de acuerdo con los datos de la Johns Hopkins University. Aunque las cifras reales se estiman muy superiores. En España, por ejemplo, en muchos días durante la 6 ª ola epidémica se han sobrepasado los 120 000 casos diarios.

Esta situación epidemiológica ha desbordado los sistemas sanitarios incluso en los países desarrollados. El impacto de la COVID-19 en la TB y en otras enfermedades infecciosas o crónicas es enorme, con el agravante de que ocasiona una crisis económica que afecta especialmente a enfermedades sociales como la TB.

En relación a la TB, actualmente la OMS ve con preocupación que los 5,7 millones de casos notificados en el mundo en 2020 supongan una disminución del 18 % respecto al año anterior. Este declive se debe, sobre todo, a un menor acceso de los pacientes al sistema sanitario. Como consecuencia, las muertes estimadas por TB han alcanzado la cifra de 1 514 000. Recientemente en Canadá se ha observado durante la pandemia una disminución de tratamientos de la ITL que, según el centro, oscila entre 30-66 %, y en los tratamientos de TB del 16-29%.

COVID-19 y tuberculosis

Parece claro que la COVID-19 sigue frenando la eliminación de la TB en todos los países del mundo. A estas alturas de la pandemia, convendría priorizar la normalización de los servicios sanitarios dedicados a la prevención y control de la TB, así como de otras enfermedades infecciosas y crónicas.

Y si conseguimos controlar mejor la pandemia a corto plazo, los servicios sanitarios dedicados a TB –que tanto han ayudado al control de la COVID-19– deberían aprovecharse ahora de los recursos y las innovaciones desarrollados para frenar la pandemia.


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