Las cuatro películas españolas, preparadas para dar el salto al palmarés

El día de antes de la clausura, que rima con conjetura, se suele dedicar al rastreo de las películas de la competición que aún se mantienen en pie de cara al palmarés tras su exhibición; es decir, las favoritas, pero favoritas para quién, ¿para el jurado o para uno mismo?, pues, no habiendo sido posible colarse en sus deliberaciones y teniendo tan cerca lo propio, o sea, las conjeturas, se establece un orden de preferencia situado en esa llanura que existe entre el sentido común y el capricho.

Atendiendo a estos dos factores, uno diría que la Concha de Oro debería ser para el cine español, el más y mejor representado en la programación de este año, y usando ya exclusivamente el sentido del gusto colocaría arriba dos títulos, ‘Girasoles silvestres’, de Jaime Rosales, y ‘La consagración de la primavera’, de Fernando Franco, y a su cercana estela las otras dos, ‘La maternal’, de Pilar Palomero, y ‘Suro’, de Mikel Gurrea.

«Puede que el jurado le haya visto las buenas hechuras a otros títulos como ‘Sparta’, de Ulrich Seidl; ‘Great Yarmouth’, de Marco Martins, o ‘A hundred flowers’, de Genki Kawamura»

Aunque hay varios factores que pueden frenar este reparto interesado, como el factor sorpresa, que es un recurso habitual en los palmarés del Festival de San Sebastián (ha habido ediciones en que la sorpresa ha sido más bien estupefacción o susto), o el factor bochorno, que es invitar a todos a unos premios que te vas a dar a ti mismo (no sería la primera vez), o el muy pertinente factor humano y que el jurado le haya visto las buenas hechuras a otros títulos como ‘Sparta’, de Ulrich Seidl; ‘Great Yarmouth’, de Marco Martins, o ‘A hundred flowers’, de Genki Kawamura.

Se haría raro que el premio de interpretación lo ganara otra actriz que no fuera Anna Castillo, impresionante en ‘Girasoles silvestres’, o Valeria Sorolla por su brillante y escurridizo trabajo en ‘La consagración de la primavera’, pero la madre de ‘A hundred flowers’, Mieko Harada, o la mujer tremenda de ‘Great Yarmouth’, Beatriz Batarda, tienen bazas para poner en un aprieto la decisión del jurado, además de Carla Quílez, la embarazada de ‘La maternal’, que es un prodigio de gracia y desgracia.

Factor sorpresa
Un año más caemos en el error de pronosticar lo impronosticable, pues el jurado no renunciará a ‘descubrir’ grandes obras, directores y actores que solo ven ellos, que son los que saben. Y puestos a saber de esto, y mucho, González Iñárritu, que se traía una perla del Festival de Venecia, ‘Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades’, película que te deja patidifuso por su ambición estética y narrativa errática, por su enorme presunción formal, con un juego de cámara y planificación digno del Cirque du Soleil, y por unos afanes protagonistas y probablemente autobiográficos que empapan la historia de sentimientos, memoria, surrealismo y lírica grandilocuencia.

Un personaje, que interpreta Daniel Giménez Cacho, un periodista y documentalista mexicano que huyó a Los Ángeles con la familia y que vuelca en la pantalla un torrente inagotable de imágenes y situaciones fabulosas con una pelea entre lo real, lo irreal, lo surreal, lo enfermizo y lo hipnótico, una alucinación donde se mezcla lo personal, la ironía histórica y una larguísima perorata de maravillas técnicas que a ratos abruman y a ratos deslumbran. Dura en exceso, casi tres horas, y exige la paciencia y la espera para irse ordenando en esas piruetas narrativas y metafóricas marca Iñárritu.

Más larga es ‘Apagón’, serie de cinco capítulos y cada uno dirigido por Sorogoyen, Raúl Arévalo, Isa Campos, Alberto Rodríguez e Isaki Lacuesta. El asunto común: una tormenta solar deja a la Tierra a oscuras, sin electricidad, comunicaciones, transporte…, la devuelve a los orígenes. Los capítulos son muy buenos, pero uno de ellos es excepcional y tiene de protagonista a Jesús Carroza, un actor con más registros que un funcionario de aduanas.

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