Luis Tosar: «He intentado llegar a lo más hondo de un tipo que ha sido un asesino»

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Hay una escena en 'Maixabel' en la que el personaje de Ibon Etxezarreta, uno de los asesinos de Juan Mari Jáuregui, regresa a su habitación de adolescente y contempla las paredes tapizadas de pasquines y carteles. Un mundo al que ya no pertenece. «Vemos de manera gráfica la sensación de vacío que tiene que tener alguien que ha cometido barbaridades… Ese es el término que empleó Ibon, barbaridades», relata Luis Tosar (Lugo, 1971), que conoció a Etxezarreta para preparar su papel. «En su momento, quizá le parecía divertido e ilusionante como proyecto de vida: voy a este concierto, que tiene que ver con lo más profundo de mi ser… Todo desemboca en puro dolor y terror». -¿Qué es lo primero que se le pasa por la cabeza cuando le dicen que tiene que encarnar a un etarra? -Lo primero que pienso es que no voy a hacerlo. E inmediatamente que lo tengo que hacer, ja, ja. Viniendo el proyecto de Icíar me daba tranquilidad, pero sentí ese momento de terror absoluto. Es meterte en la piel de alguien que existe en un proyecto que sabes que va a generar controversia. Material muy sensible. Hay gente a la que no tiene que hacerle ninguna gracia, con toda la lógica. La película no va a contentar a todas las víctimas y evidentemente tampoco a los victimarios. Sabes que te vas a meter en un berenjenal que tiene que ver con una sociedad, la vasca y por extensión la española, que ha vivido un escenario de dolor durante muchísimos años y que inevitablemente ha quedado tocada. Por otro lado, esta historia es constructiva, una inversión a futuro en algo que posiblemente nosotros no podamos llegar a ver, pero, como dice Maixabel, nuestros hijos y nietos sí. Como artista, siento la responsabilidad de hacer esta película, pero te juro que hubo muchos momentos en que deseaba que no se pudiese levantar. -¿Cómo fue su primer encuentro con Ibon Etxezarreta? -La noche anterior no pegué ojo, estaba aterrorizado. Nos vimos en su casa, acababa de acceder al tercer grado y ya podía dormir en su hogar. Fue muy generoso. Estuvimos muchas horas. Me invitó a comer, bajamos al supermercado, preparamos la comida… Hubo una conexión curiosa, porque tenemos muy poca diferencia de edad, apenas un mes. Experimentamos una especie de reconocimiento en el otro. Pensamos, joder, podíamos estar intercambiados si tú hubieras nacido donde yo nací. Ideológicamente estábamos situados en un lugar muy parejo. -Porque usted de joven vivió en ambientes nacionalistas en Galicia. -Sí, por suerte en un entorno mucho más calmado y benévolo que Euskadi. No podía evitar pensar que, si yo hubiera nacido donde Ibon nació, igual estaban las tornas cambiadas. -Podía haber acabado en Jarrai o en ETA. -Quizás sí. O no. Depende de muchos factores, el entorno puede mucho pero también hay una intención, está en ti. Lo terrible es cuando llega el momento en el que te das cuenta del error cometido y del dolor que has provocado. -¿Qué cogió de Etxezarreta? -Reconozco un aire, un gesto, quizás por la pura impregnación de estar escuchándolo con la mayor atención que yo haya tenido hacia nadie nunca. Fui con un cuaderno para tomar notas y no llegué a escribir nada. Estaba tan absorto en la observación y en querer recoger todo lo que me quería transmitir que inevitablemente algo de eso estará en la interpretación. Yo quería crear un personaje lo más reconocible posible para el espectador y transmitir la emoción. Los procesos por los que ha pasado Ibon, el real y el de la ficción, son una cosa muy compleja. La asunción del dolor provocado y un cambio de actitud radical. -¿Cómo se muestra en pantalla ese arrepentimiento? -No sé. Yo intenté colocarme en ese lugar de la manera más honesta posible. Hice mucho ejercicio para intentar llegar a lo más hondo de un tipo que ha sido un asesino, ha quitado vidas, y después se ha dado cuenta de lo absurdo de esa lucha. Después intentas recomponer tu vida y sigues adelante con eso. Y además, tratas de aportar algo para la reparación del dolor, que es en lo que está Ibon. Hay otros que no lo han hecho, que están en la penitencia, que repudian tanto lo que han hecho que no tienen un proyecto a posteriori, como el personaje de Luis Carrasco. Ibon no, él tiene una ilusión por construir a partir de ahí. -¿Cree que esta gente puede alcanzar cierta paz de espíritu? -Yo creo que hay algo con lo que tienes que convivir toda la vida. Cómo logres dominarlo, compensarlo, depende de cada uno. Yo he visto los ojos de Ibon y ahí está todo esto que hablamos. -¿Qué le diría a un espectador que tenga prejuicios hacia esta historia, que no entienda que alguien quiera entrevistarse con los asesinos de su marido? -Si ya de base no quiere ni siquiera que le muestren algo de luz hacia ese lugar, va a ser muy difícil convencerlo. Hemos hecho una película muy constructiva y muy fiel a lo que realmente ocurrió. Y muy fiel a Maixabel, que es una persona real que ha afrontado su drama de manera admirable. Otra cosa es que uno no quiera compartir la actitud ante la vida de esta mujer, pero lo que ha hecho es verdad. Y ha tenido la valentía y osadía de hacerlo, enfrentándose a mucha gente de su entorno que no estaba de acuerdo. Maixabel construye a futuro, no piensa en una reparación para su entorno, que está sumido en el mismo dolor que ella. No habla de amistad con Ibon Etxezarreta o Luis Carrasco. No son amigos, pero han logrado una cosa extraña: encontrarse en un punto medio y estar unidos en una lucha que puede ayudar a que las heridas se curen en algún momento. Si queremos tener un futuro como sociedad, esa es la única puerta de salida. -Usted demuestra su valentía eligiendo papeles así, ¿pero volvería a participar en política, como hizo en su día estando en las listas del BNG? -No tengo ninguna gana, la verdad. No me apetece en absoluto. A veces veo las noticias y me dan ganas, pero me da mucha pereza. Uno debe encontrar el lugar desde donde hace las cosas. Nosotros, los actores, podemos tener un papel social, pero en primera línea de la política creo que no somos muy útiles. Para eso están los políticos. -¿Cómo lo hace para resultar creíble siempre? -Sugestión, ja, ja. Supongo que intento tener mucha fe en lo que estoy contando. Y eso ayuda a que la transmisión sea lo más verosímil posible. Algunas veces te cuesta más creerte lo que haces. En 'Maixabel' hubo que dedicarle mucho tiempo y mucha fe.

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