María Fernández-Miranda: «La vida son esos veranos infinitos de la infancia»

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Leandra tiene 35 años, es editora de una revista de moda y atraviesa un momento de desasosiego vital. Para averiguar quién es y qué es lo desea, se marchará a la casa familiar en Asturias para crear un perfume. Ese es el punto del que parte la periodista y escritora María Fernández-Miranda para poner en marcha la trama de su primera novela: ‘El verano que volvimos a Alegranza’ (Plaza&Janés), un libro en el que la evocación lo es todo. O casi todo. «Es una novela sobre las segundas oportunidades», responde la autora ante la pregunta sobre cuál es la idea fuerza que impulsa la trama. En su epílogo, ‘El verano que volvimos a Alegranza’ incluye una frase de ‘Señora de rojo sobre fondo gris’, de Miguel Delibes: «La vida sería más llevadera si dispusiéramos de una segunda oportunidad». Eso es lo que ha procurado Fernández-Miranda: conceder a sus lectores el deseo de Delibes. Tienen mucho en común autora y protagonista. Las dos conocen y forman parte del mundo de las revistas femeninas. Leandra dirige una y María Fernández-Miranda ha trabajado en varias: ‘Marie-Claire’, ‘Yo Dona’, ‘Elle’ y ‘Cosmopolitan’, de la que es actual subdirectora. También comparten origen y edad: ambas son asturianas y tienen casi 40 años. Una escribe una novela, la otra crea una fragancia. Inventar algo nuevo les incumbe tanto como la necesidad de saber quiénes son. En estas páginas, Fernández-Miranda despliega un universo familiar y femenino que explora con la naturalidad de quien evoca lo ya vivido. Está inspirada en vivencias personales, asegura, y aunque eso no convierte ‘El verano que volvimos a Alegranza’ en una novela autobiográfica, el libro tiene un fuerte componente de indagación e incluso introspección. La impronta de Alice Munro y Joan Didion recorre la historia. Y ese no es un dato cualquiera. El verano como transformación Nada conduce más naturalmente a la memoria que los aromas. Tienen tanta fuerza en la construcción de una identidad propia como en la profundidad de los nexos entre personas. Los lazos familiares y el hallazgo de lo que permanece oculto, esa red de afectos y agravios, da pie a secundarios libérrimos, como las tías y la madre de Leandra. «Creo que la excentricidad y el toque de locura son una manera de enfrentarse al mundo. Representan inconformismo con lo establecido, con lo que se espera de nosotros», explica la autora. La búsqueda de la protagonista, así como la excavación en los recuerdos, propicia la transformación de Leandra y los personajes que la rodean. El abuelo, que actúa como el guardián de la memoria a la manera de Virgilio, hace creer a sus hijas que todo lo que ocurre en verano puede borrarse al llegar septiembre. «De pequeños, todos nos hemos sentido un poco así: el niño que sale del aula en junio es completamente distinto del que regresa al colegio el curso siguiente». Las palabras de María Fernández-Miranda apuntan a uno de los grandes asuntos de este libro: el paisaje de la infancia es el lugar donde se despliegan todos y cada uno de los hallazgos. Lo femenino como eje María Fernández-Miranda se sometió a siete fecundaciones in vitro, pero ninguna dio resultado. Aquello la llevó a reflexionar sobre el lugar que ocupaba la maternidad en su propia vida y en la del resto de las mujeres. La respuesta a esa interrogante tomó forma en ‘No madres: mujeres sin hijos contra los tópicos’, un libro de estructura coral, en el que María ofreció su propio testimonio y el de muchas otras mujeres que defendían su derecho a no tener hijos. Si bien aquel era un libro más cercano al reportaje y el testimonio, existe un vínculo directo con esta novela. «El nexo más evidente es el de la mujer como pieza central de todo. Supongo que me influye el hecho de haber trabajado la mayor parte de mi carrera profesional en revistas femeninas; me interesan los temas que preocupan a las mujeres. ‘No madres’ era un ensayo en el que me sentía cómoda con la parte digamos más técnica, porque al fin y al cabo se trataba de utilizar los recursos del periodismo, y sin embargo me producía pavor lo que iba a contar, que tenía mucho que ver conmigo, con una parte bastante dura de mi vida personal».

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