Buteflika, fin de la revolución

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El hombre más poderoso de Argelia de los últimos 40 años se ha convertido en un estorbo político incluso a la hora de su muerte con 84 años. Los actuales dirigentes argelinos tendrán que decidir si el entierro se realiza con funerales de Estado, con el alto riesgo de protestas populares, o de manera discreta en el cementerio de El Alia, junto a otras figuras. Es un ejemplo de cómo cayó en desgracia. Su entorno de poder forjado entre los dirigentes político-militares que hicieron la revolución que arrancó la independencia a Francia con una guerra que marcó profundas referencias fue perdiendo influencia cuando Abdelaziz Buteflika tuvo que renunciar a un quinto mandato presidencial y dimitió el 2 de abril de 2019. Había asumido la presidencia en 1999, aunque varios años antes ya ejercía el poder en la sombra. Con su salida del poder, notables colaboradores suyos fueron encarcelados por corrupción. Su caída se produjo por el anuncio de su intención de mantenerse en el poder a pesar de su grave enfermedad que provocó la aparición del Hirak, el movimiento popular de protestas que cada viernes, durante casi dos años, inundó pacíficamente las calles de las principales ciudades argelinas exigiendo el cambio político y el final del régimen militar. Una de las fechas clave para la carrera política y personal de Buteflika fue en 2013, cuando sufrió un accidente vascular isquémico que le dejó casi paralizado y sin poder hablar. A partir de ese momento, su hermano Said y el jefe del Estado Mayor del Ejército, Ahmed Gaid Salah, fueron los que aplicaban las decisiones de un presidente que tuvo que pasar varias temporadas hospitalizado fuera de Argelia. La memoria política suele ser frágil y en sus últimos años, solo y abandonado, pocos valoraron la que fue la mayor aportación de Buteflika a la historia de Argelia: normalizar la vida de los argelinos después de una terrible guerra civil tras ganar como 'independiente' las elecciones de 1999, tras la renuncia del presidente Liamine Zeroual. El devastador enfrentamiento contra los islamistas y entre sectores del Ejército había costado la vida a 300.000 personas y unas pérdidas económicas de más de 30.000 millones de dólares. Con el apoyo del Frente de Liberación Nacional y del Ejército hizo valer su gran capacidad de iniciativa que años antes, cuando era un joven con 25 años en 1962, le había ayudado a ser ministro de Juventud, Deportes y Turismo en el primer gobierno de Ben Bella. El siguiente peldaño de su carrera fue ser el ministro de Asuntos Exteriores más joven del mundo con 26 años. Dos años después, el 18 de junio de 1965, era destituido, pero al día siguiente, el que era ministro de Defensa, Houari Boumediene, dio un golpe de Estado. Entonces, Abdelaziz Butelfika inicia una travesía del desierto que duró 20 años acogido, entre otras instituciones, como presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Sus dos primeros mandatos presidenciales estuvieron marcados por haber sido capaz de acabar con la guerra y con la influencia de los islamistas pero fue perdiendo credibilidad cuando recurrió a una enmienda constitucional en 2008 para poder volver a presentarse a la reelección. La historia podrá hacer justicia a un dirigente argelino por sus aciertos, pero también podrá presentar un legado muy negativo en la gestión económico y social, a pesar de las riquezas en petróleo y gas, un nepotismo y corrupción desmesurados y una apropiación de bienes públicos por parte de su entorno que le ha merecido una dura condena popular. En las relaciones con su vecino Marruecos, intentó llegar a una solución del conflicto del Sáhara pero la cúpula militar se lo impidió. Con España actuó con ambigüedad respecto a su acogida a miembros de ETA y otros grupos terrorista pero cuando llegó a la Presidencia en los años 2.000 actuó como un buen amigo de España con un notable incremento de las relaciones.

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