Olmo salva a España de un ridículo

Escrito por el marzo 26, 2022

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Antes de que la selección pisara de nuevo un césped catalán 18 años después y que las banderas españolas ondearan festivas las gradas de Cornellá, la velada amaneció con una ligera sacudida en la portería. Un puñado de anuncios en cadena con el sello inconfundible de Luis Enrique, al menos en el remate. Primero que Robert Sánchez abandonaba repentinamente la concentración por motivos personales; luego que iba a ser titular David Raya, el invento exótico del técnico para esta convocatoria… Y como colofón que en sustitución del primero, como solución de urgencia, era citado Arnau Tenas, portero del Barcelona B de 20 años, titular de la Sub 21 que tiene casi encarrilada la clasificación para el Europeo (el martes hay partido en Eslovaquia), otro representado por Iván de la Peña y Carles Puyol al que el seleccionador convierte en internacional. Algo de contenido y murmullo para animar un pasaje demasiado vacío en lo futbolístico, intrascendente.

De la misma agencia que Arnau es Gavi, cuya primera vez en La Roja también levantó polvareda, por injustificada, pero que ya se ha hecho con un asiento fijo, indiscutible, a golpe de méritos y convincentes actuaciones. También la de ayer. Por pulmones sobre todo, por esa constancia para apretar y morder en defensa y su predisposición para tocar y moverse a la hora del ataque. Un futbolista de equipo de lo más agradecido. Pero tampoco sirvió el despliegue de Gavi para levantar un encuentro plomizo e insulso, con menos argumentos para mirar hacia el pasto que hacia unas tribunas coloreadas de rojigualda y mucho ruido (artificial, eso sí, dirigido sin disimulo por un speaker inagotable y agotador) para la ocasión. Mucho más ambiente que juego.

La España de Luis Enrique fue reconocible en el dibujo y la iniciativa, obligada a navegar contra un guion habitual: la pelota en exclusiva y un rival encerrado con ganas de contragolpe. No fue demasiado rápida en la circulación la Roja, ni tampoco sorprendente en los desmarques, así que, salvo al final, se volvió previsible, muy fácil de sujetar. Ferran avisó con una conducción dentro del área acabada con un remate a la cara de Berisha, al que también puso a prueba Pedri con dos disparos llenos de intención. Poco para la séptima selección en el ranking FIFA frente a la 65ª.

En todo caso, Albania no causó rasguños. Solo una incursión del rayista Balliu por la derecha cuyo centro se paseó por el área chica de Raya con cara de susto. El guardameta del Brentford no tuvo tanto trabajo como para ser analizado (aunque el extraño y rocambolesco gol albanés le retrató). Lo que sí exhibió fue su juego de pies, ese que cautivó a Jurgen Klopp. Le buscaron sus compañeros en la salida de la pelota y el arquero se soltó, salvo en su primera intervención, con precisión y calma.

La selección no perdió la paciencia, pero tampoco se revolucionó en busca del gol. Aceptó el marcador como quien acude a la oficina, con un acento demasiado protocolario. Uno de los inconvenientes de cuando no hay nada en juego. Si los puntos no meten prisa, el fútbol se resiente, bosteza. España no necesitaba ganar, salvo por la honra, así que se dejó llevar. El estigma de los amistosos.

La segunda parte ofreció como novedad un manojo de nervios. Especialmente del habitualmente tranquilo Pau Torres. Albania presionó un poco más arriba y España empezó a temblar con la pelota, a regalarla. Sobre la hora de juego, los entrenadores se animaron a revolver sus banquillos. Pero al encuentro le costó abandonar el aburrimiento. España conservó el dominio, pero no encontró ideas ni movilidad. Siguió su plan inicial con monotonía y sin despertar miedo. Albania defendió sin despeinarse y se entusiasmó en falso a la contra.

Hasta que una variante de última hora sí le quitó al encuentro la mano de la boca. Se fue Morata, entró Yeremy Pino para enredar y Ferran pasó al centro del ataque. Ambos delanteros empezaron a entenderse y el partido se volvió loco. El azulgrana avisó primero de tacón y luego rescató la cita del 0-0, a pase del canario del Villarreal, resolviendo por arriba un mano a mano. Luego, España se castigó con un lance ridículo: un cabezazo de Pau Torres que rebotó en el granadista Uzuni y sorprendió al debutante Raya. Un empate de meme. Y acto seguido, para evitar el sonrojo histórico, Dani Olmo se desmelenó con un golazo tras un tiro curvado de los suyos desde la esquina del área. Una manera descontrolada y eléctrica de zanjar una visita cargada de simbolismo pero también de bostezos. Y muy escasa de fútbol.


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