Otra vez impotencia y resignación

Escrito por el diciembre 12, 2021

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Rombo como Cruyff, como Guardiola, con Busquets en el centro, así salió Xavi en Pamplona. También con Umtiti, que es la gran vergüenza del fútbol europeo. El Osasuna presionaba arriba, al Barça le costaba salir con el balón jugado, la intensidad local marcaba el ritmo del partido y todo parecía conocido, previsible, confortable para un cronista con ganas de confirmar que hace tiempo que tiene razón mientras todo el mundo se pierde en especulaciones estériles sobre milagros y maravillas que no van a suceder. Estamos en bucle, estamos perdidos, estamos cansados, no somos nada más que la sombra de lo que alguna vez fuimos. Nico marcó en el 11, pase de Gavi, y esto no es que sea lo mejor que tiene el Barça, que lo es, sino que es lo único que tiene. Nico, Gavi. Antes teníamos a Ter Stegen como valor seguro pero enloqueció el alemán, que en todo se equivoca, como si fuera la Luftwaffe al final de la Segunda Guerra Mundial. Y cuando digo que el Barça no tiene nada más que a Nico y a Gavi, me refiero exactamente a esto, y al gol del empate que consiguió Osasuna minuto y medio más tarde porque David García pudo rematar de cabeza libre de marca. ¿Umtiti dónde estaba? Ni se sabe. En el fútbol moderno, marcar primero es importante, siempre y cuando no seas tan insignificante que te dejes empatar al cabo de un minuto. Mal el Barça, correcto el Osasuna, bien Nico y Gavi, espantoso Umtiti, espantoso Luuk de Jong, el partido se inclinaba como siempre hacia la lenta agonía azulgrana. La cesión que Umtiti le hizo a Ter Stegen en el minuto 20 fue tan de vergüenza ajena que Xavi Hernández tendría que preferir jugar con 10 que el deshonor de contar con él. Voluntarioso, creativo, rápido Abde, ganaba los duelos, hacía el trabajo, aunque estaba poco fino, como Busquets, francamente impreciso al primer toque.

Era un partido que olía a castañas en las tardes de domingo que volvía a casa de comer con mi familia con todos los deberes por hacer y un sueño interminable. Castañas, moniatos, tardes de domingo sin opciones, porque quería dormir la siesta, el Barça jugaba a las 19.00 por el Plus, y los deberes parecían tan poco importantes como imposibles de llevar a cabo, aun sabiendo las consecuencias que tendría al día siguiente. Umtiti, además de nefasto, jugaba luciendo una pulserita, lo que está manifiestamente prohibido. Es tan malo que sólo faltaría que le hiciera daño a alguien.

Un Osasuna limitado conseguía empatar a méritos y resultado con un Barça muy pobre, que no compareció en ataque, y fue incapaz de crear ocasiones más allá del gol de Nico. Con muy poco basta para demostrar que Laporta tenía razón cuando pensaba y decía que Xavi no es el entrenador que necesita el Barcelona. Nada en ataque, muchas dificultades para salir con el balón, fútbol muy mediocre y ninguna esperanza.

Es impresentable que cuando te cuesta tanto hacer un gol te dejes empatar con un gol tan de manual como el del central de Osasuna, que Umtiti dejó a sus anchas. Nico, Gavi y Abde tiraban heroicamente del equipo mientras los De Jong o Dembélé no comparecían. Ni estaban ni se les esperaba. Tuvo que ser Abde, con acierto y rabia, quien deshiciera en empate de un gran disparo, y corrió al banco a abrazarse con Xavi para agradecerle la merecida apuesta por su fútbol. Cercano, pero difícil remate de Abde, acrobático en cierto modo, de una gran calidad en la factura, muy buena posición del cuerpo, premio justo para el jugador y excesivo para lo que mostraba el equipo. El gol estuvo precedido de unas manos en el área visitante de Busquets, por las que los jugadores de Osasuna reclamaron penalti. Las manos existieron, pero el criterio de Gil Manzano, y el mío, fue que fueron involuntarias. Gavi sensacional durante todo el partido, atento, contundente en la presión. Abde, impresionante demostración de entrega y buen fútbol, y no sólo por el gol. Es cierto que Dembélé mejoró en la segunda parte, pero estuvo muy lejos de ser el mejor de su equipo, y ya no digamos la supuesta estrella que Laporta dice que es.

El partido continuaba abierto y aunque el Barcelona protegió mejor su segunda ventaja de lo que había protegido la primera, la precariedad defensiva era la que era; la falta de recursos, la misma de siempre; y si Abde, Gavi y Nico tiraron con empeño del partido y tuvieron su mérito, Osasuna buscó el empate y lo consiguió (fantástico disparo de Chimy) siendo un equipo muy justo, mucho más que el Betis o el Bayern, por lo que el empate supo a derrota por la falta de personalidad que tuvo el equipo administrando su ventaja. Otro naufragio, otra decepción, otra vez la sensación de que las características de este equipo son la impotencia y la resignación.


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