‘Para acabar con Eddy’, una defensa de la diferencia en homenaje a Gerardo Vera

Escrito por el octubre 29, 2021

«Esto es 'Para acabar con Eddy'. Es la historia de un chico llamado Eddy, y está basada en un libro del escritor Édouard Louis. Eddy y Édouard son los dos franceses. Y los dos nacieron en 1992. Lo que significa que Édouard tiene ahora 29 años. Y los dos se criaron en un pequeño pueblo llamado Hallencourt, en el norte de Francia (…) En el pueblo viven unas mil trescientas personas. Algunas familias llevan aquí generaciones, incluida la de Eddy. La familia Belleguele». A y K, los dos protagonistas de 'Para acabar con Eddy', se explican así al comienzo de la función, que se presenta en el Teatro de La Abadía, en la que es la primera colaboración de este espacio con La Joven.

José Luis Arellano dirige a Raúl Pulido y Julio Montañana en esta obra, una adaptación teatral de Pamela Carter -traducida por José Luis Collado- de la novela del autor francés Édouard Louis 'En finir avec Eddy Bellegueule', presentada como autobiográfica, aunque varias voces (entre ellas, su madre) pusieron en entredicho la veracidad de parte del relato y se mostraron sumamente críticos con el autor francés.

Fue Gerardo Vera, uno de los 'padrinos' de La Joven, quien leyó la obra y quien debía dirigirla. Su muerte, hace un año, no detuvo el proyecto y el estreno ahora se presenta como un homenaje al llorado director madrileño. «'Eddy' es como un escupitajo espeso -escribió Vera- arrojado con violencia contra las conciencias biempensantes de una sociedad instalada en una insensibilidad profunda hacia el dolor de los otros, en un deleznable rechazo a los que son diferentes. Este texto luminoso de Édouard Louis está impregnado de verdad, atravesado por los cuatro costados por una violencia verbal y física que no te da respiro. Es un grito desesperado de un adolescente consciente de que para su familia no es más que un ser degradado, una fuente de vergüenza, de repulsión, de ignominia; una maldición. Ecos de Genet y Koltès, la misma violencia, la misma fragilidad y la misma compasión hacia los personajes».

«Es una obra importante por los temas de los que trata -explica David R. Peralto, creador de La Joven y presidente de la fundación que la sustenta-. Habla de la pobreza, de la violencia, de la homosexualidad, de la diferencia, de la aceptación por parte de los demás y también por uno mismo; y de la educación como ascensor social y del acceso a ella. Para nosotros, que estamos en la frontera entre la educación y la cultura, es una obra perfecto».

A José Luis Arellano se le puede considerar como uno de los hijos artísticos de Gerardo Vera. Es el director artístico de La Joven, y era lógico que fuera él quien asumiera la dirección de esta obra, que quiere, dice, «contar lo importante que son la cultura y la educación para evitar determinadas cosas. El propio protagonista dice en un momento de la función: 'El Instituto me salvó'».

«No va sobre la homosexualidad -añade el director-, sino sobre lo diferente. El autor aparece como víctima y verdugo al mismo tiempo». Para Arellano es especialmente emocionante este montaje por su relación con Gerardo Vera, y cree que éste encontró en la relación de Édouard Louis con su padre el impulso para querer poner en pie esta obra». En su montaje, concluye Arellano, hay «muchas decisiones que han partido de los propios actores». Uno de ellos, Julio Montañana, asiente: «Ha sido un trajajo muy libre y lúdico»..


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