Poirier y Hanga entregan la victoria al Madrid en su vuelta al WiZink Center

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Con la autoestima por las nubes tras la remontada ante el Barça en la Supercopa, el Real Madrid iniciaba su camino en la Liga Endesa en su feudo, el WiZink Center, que pese a estar inevitablemente al 40% de aforo, rugía como antaño. Enfrente estaba San Pablo Burgos, todo un campeón continental que desde el salto inicial dejó claro que su éxito reciente no es casualidad, que han llegado a la élite para quedarse. Tras un emotivo minuto de silencio por todos aquellos madridistas que no sobrevivieron a la pandemia, el partido arrancó eléctrico, incesante en el intercambio de canastas y sorprendente en acierto; algo impropio de estas fechas estivales. En los visitantes, tanto Nikolic como Kravic (este último con varios mates deslumbrantes) se encargaban de descoser la defensa interior de los de Laso, que, por el contrario, si estaban acertados en el lado opuesto de la cancha. El Madrid de los franceses, sostenido por Poirier y Yabusele, intimidaba la zona de los castellanoleoneses; Llull seguía al ilusionante nivel demostrado en La Laguna y Hanga penetraba con astucia y potencia, dando buenas sensaciones en su segundo partido de blanco. Pero el Madrid se mostraba inusualmente pasivo y apático cuando no gozaba de la posesión. El Burgos se percató de tal déficit y empezó a castigar al subcampeón de Liga desde la línea de tres con unos acertados Rabaseda y Mcgee. Así, gracias a un dinámico juego ofensivo, San Pablo comenzaba a dominar el marcador al ecuador del segundo cuarto al compás que Pablo Laso fue enrojeciendo su rostro; se avecinaba bronca y,como ocurrió en numerosas situaciones con Doncic, le cayó al más bisoño. Así, Tristan Vukcevic orientó mal su posición defensiva y se vio obligado a hacer falta a Kravic, Laso pidió tiempo muerto y le espetó airado al joven pívot: «Soy gilipollas porque te dejo en el campo». El Madrid reaccionó y se fue al descanso ganando de dos (36-34), pero demostrando una inferioridad anímica notable frente a los de Zan Tabak, que sentían la fuerza y la confianza necesaria para tumbar al gigante capitalino. Como era de esperar, los hombres de Laso entraron con otra cara al tercer cuarto. El ritmo del Real Madrid subió, apareció el hasta el momento errático William-Goss con ocho puntos seguidos sin fallo para poner por delante a su nuevo equipo en la antesala del último periodo del encuentro. El Madrid había comenzado a morder en defensa y a morder en el aro rival, una situación que hundió al combativo Burgos, que llegó al último minuto sin opciones de pelear el partido. Poirier, con 11 puntos, nueve rebotes y cinco tapones; Hanga con 14 puntos; y Llull con 12; fueron los mejores del conjunto local. Los de Laso arrancan con una sufrida victoria (70-63) su andadura en la Liga, una competición a la que quieren volver a conquistar tras dos temporadas claudicando en los playoffs.

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