Las lentes de contacto o lentillas son objetos ópticos que se colocan directamente sobre el globo ocular para corregir problemas de visión. Son una alternativa a las gafas y ofrecen una mayor libertad de movimiento y una apariencia más natural.
Están hechas de materiales transparentes y pueden ser blandas o rígidas, dependiendo de las necesidades del usuario y la recomendación del especialista.
Las lentillas sirven para corregir problemas visuales como la miopía (visión corta), la hipermetropía (visión larga), el astigmatismo y la presbicia (vista cansada). También existen las lentillas progresivas, que sirven para corregir los problemas de visión en todas las distancias.
A pesar de que pueden ser usadas diariamente, siempre en función de las instrucciones aportadas por el fabricante del producto y por el óptico u oftalmólogo, hay ocasiones en que es mejor no usarlas.
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Por ejemplo, al nadar en la piscina o en el mar. Esto se debe a varias razones:
El agua de la piscina o del mar puede contener bacterias, parásitos y otros microorganismos que pueden causar infecciones oculares. Las lentillas pueden retener estos microorganismos y aumentar el riesgo de infección.
Irritación o sequedad
El agua de la piscina o del mar puede contener productos químicos, como cloro o sal, que pueden irritar los ojos y causar sequedad. Las lentillas pueden absorber estos productos químicos y empeorar estos síntomas.
Pérdida
El agua puede hacer que las lentillas se muevan o se salgan de los ojos. Nadar con lentillas aumenta el riesgo de perderlas en el agua y que no se puedan recuperar, lo que puede ser costoso y molesto.
Si necesitas usar corrección visual mientras nadas, existen alternativas más seguras, como llevar gafas de sol o de natación graduadas. Las gafas de natación, por ejemplo, están diseñadas específicamente para proteger los ojos y proporcionar una visión clara bajo el agua. También puedes optar por unas gafas de buceo graduadas.