Qué pasa en nuestro cuerpo cuando comemos rápido

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Bien por prisa o por el poco interés que ponemos, las comidas y cenas las hacemos en tiempo récord, eso sin tener en cuenta que a veces el tupper o sandwich nos acompaña en la misma mesa de trabajo o engullimos en el sofá o tirados en la cama. Pero no es tanto el lugar donde comemos sino más bien el tiempo que empleamos en ello. Y aunque, en líneas generales, no hay unos minutos concretos que deban cumplirse rigurosamente, se estima que hay que dedicar al menos 20 minutos en las ingestas principales (comida y cena). Así lo confirma la dietista-nutricionista Mireia Cabrera: «Consideramos comer rápido cuando no dedicamos estos 20 minutos mínimo». Aquí se ven implicados varios factores como la velocidad al comer, las distracciones que tengamos a nuestro alrededor que nos hacen no estar 100% atentos a lo que comemos o el estado anímico con el que llegamos a esa ingesta. Por su parte, Marta Moreno, dietista-nutricionista de Nutrición Clinic, añade que hay que prestar atención a lo que comemos y practicar, por tanto, una alimentación consciente: «Hay que sustituir estar distraídos y en piloto automático mientras comemos por saborear y disfrutar de las comidas». Lo dañino de comer rápido Reconozcamos que todos, más de una y de dos veces, hemos comido rápido por diferentes motivos y no pasa nada, pero si esto se convierte en costumbre es cuando pueden llegar los problemas… Según advierte Mireia Cabrera (@cabrera_mireia), comer rápido no es bueno porque «tiene relación con problemas digestivos» así como relación directa con una sobreingesta de comida. «Para población general no es lo recomendable, pero evitar comer rápido cobra aún más importancia en problemas digestivos o problemas emocionales con la alimentación (ansiedad por la comida, ausencia de sensación de saciedad, etc.)», completa la nutricionista de Nutrición Clinic (@nutricion_clinic). Y es que tendemos a creer que comer rápido engorda, aunque no es el término correcto… «Más que engordar, produce una alteración de la sensación de saciedad, es decir, cuando comemos rápido solemos comer más cantidad de comida porque no dejamos tiempo a que los reflejos de salivación, masticación y deglución hagan su trabajo y tardamos más tiempo en saciarnos», cuenta Mireia Cabrera. En términos generales, indica Marta Moreno que, además de no saborear bien los alimentos, «dificultamos la digestión normal de los alimentos puesto que no los hemos masticado lo suficiente y suele entrar más aire». Masticación A veces el problema de comer rápido viene dado porque engullimos la comida sin siquiera habernos dado el gusto de masticar suficiente los alimentos. Pero, ¿cuánto hay que masticar, como mínimo los alimentos que nos llevamos a la boca? «Típicamente se dice que debemos de masticar 20 veces cada bocado», apunta Mireia Cabrera, pero lo cierto es que esta recomendación suele ser poco práctica en la vida real al tener que ir contando mientras comemos. Su recomendación principal suele ser «cronometrar durante 2-3 días el tiempo que dedicamos a comer para hacernos conscientes de cuánto tiempo real estamos dedicando a ello». Al parecer, una vez somos conscientes, es importante trabajar pequeños cambios: «Uno de los que funciona mejor es realizar varias respiraciones profundas o diafragmáticas antes de comer para relajarnos. Al fin y al cabo, lo más importante es disfrutar de cada bocado de comida, poner nuestros cinco sentidos en lo que estamos ingiriendo y esto solo se puede hacer comiendo poco a poco». Recuerda que el hecho de comer rápido suele ir acompañado de masticar poco por lo que tragamos trozos más grandes de comida que serán más difíciles de digerir y nuestras digestiones serán más pesadas. Para comer más lento Para Marta Moreno es fundamental saber comer más lento, y para ello propone lo siguiente: – Dejar el cubierto en el plato entre bocado y bocado. – No empezar a trocear el alimento hasta haber tragado el bocado anterior. – Tratar de identificar los sabores que estás sintiendo en el momento que tienes el alimento en la boca. – Evitar comer viendo la televisión, móvil o tablet. – Si comes con alguien, trata de disfrutar de la conversación. – Probar a cronometrar cuanto has tardado en comer. «Esto te hará de forma inconsciente comer más lento. Si no es así, hará que te des cuenta de que tienes que practicar los consejos que te estoy dando», concluye la nutricionista.

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