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El Atlético vuelve a la ley del 1-0

Escrito por el marzo 19, 2022

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El Atlético encadenó otra victoria, prolongó su buena racha. El equipo confirmó que se ha vuelto a conectar a su entrenador y, jugando a su gusto, sin exuberancia pero con esfuerzo y oficio, conquistó también Vallecas. Con un gol, una prodigiosa combinación entre Koke y Joao Félix, fue suficiente. Lo demás fue defenderse y minimizar al rival, un Rayo que vive la secuencia contraria (ya son diez partidos sin ganar). La vieja aritmética del Cholo, con la que se acercó a sus mejores logros. Su implacable ley del 1-0.

Vallecas es un factor. Un campo pequeño, particular, diferente, que influye y condiciona. Un escenario en el que para sacar de banda aún se tiene que esperar a que un espectador se digne a devolver la pelota, porque ningún empleado ofrece otra; unas dimensiones que recomiendan jugar a otra cosa, a un fútbol más sintético y directo, que ahorra en los trámites y te permite llegar de un área a otra con muy poco.

Ambos contendientes aceptaron esas características específicas que derivan del estadio, aunque cada uno a su manera. El Rayo, que ya supo sacar petróleo como anfitrión en la primera vuelta con ese idioma, a partir de la búsqueda constante de las bandas, doblándolas y centrando desde ahí (o Bebé, muy optimista, disparando). Y el Atlético, con una fórmula que en realidad le encanta, muy a lo Osasuna, con pelotazos frontales en busca de un salto y un cabezazo peinado hacia atrás para arañar de forma simple una ocasión dentro del área.

Lograron más munición los rojiblancos. Y eso que al que le tocaba saltar contra los centrales era a Joao Félix, que parece llamado para cualquier reto menos precisamente para hacer de ariete inglés. Pero el luso ganó varios duelos y dejó solo a Griezmann, el que llegaba al espacio desde atrás, aunque el francés tenía el día sin ninguna puntería. Tampoco cuando el pase, este ya con el pie, le llegaba de Koke.

El juego simplificado dejó una primera mitad trabada, abierta e incierta, con el balón volando mucho más que rodando, y no demasiados avisos de gol. Más veneno del Atlético si acaso, pero no mayor control. Aunque sí mejores sensaciones defensivas, con los centrales ganando por arriba y Reinildo anticipándose con seguridad. El empate con el que se llegó al descanso contaba la verdad.

En la segunda parte, la contienda se revolucionó. Sobre todo, porque el Atlético encontró pronto el gol. Fue a través de una maniobra iluminada detrás de un rechace más. Koke agarró la pelota, invitó a la pared al compañero más dotado, Joao Félix, que se la devolvió profunda y dulce para el remate, y el capitán no perdonó. Una obra llena de sutileza en una noche más propia hasta entonces de un campo de minas.
El movimiento del tanteador dibujó también otro partido. El Rayo se vio obligado a asumir más la iniciativa y volcarse sobre el área de Oblak, y el Atlético se retrasó bien a gusto, siguiendo de forma rigurosa esa máxima tan de Simeone de encerrarse en cuanto el marcador le regala buenas noticias. Parece que hasta disfruta.

Fue así como el Rayo dio la sensación de estar cerca del empate. Supo arrancar varios sustos, sobre todo en una doble jugada atolondrada que, primero Reinildo y luego Oblak, escupieron bajo la raya. Mario Suárez cantaba casi el gol en esos remates.

Fue ese sobresalto, o quizás se trataba ya de un plan preconcebido, el que agitó el banquillo colchonero. Un triple cambio de golpe que arrojó sobre el campo a Suárez, Correa y Kondogbia y que sacó del mismo a Lodi, Herrera y, como si se tratara de un disparo en su propio pie, Joao Félix. El portugués es la mejor esperanza del Atlético para conservar la pelota y provocar peligro, pero su entrenador entendió que convenía renunciar a esas virtudes.

Así que el Rayo, que también movió su armario con carne fresca, siguió rondando el portal visitante, que disfrutaba sudando. Los centros cruzados eran amenazas continuas, tampoco demasiado concretas o contundentes. Y el Atlético se recreaba en su pericia defensiva, orden, solidaridad, agresividad y esfuerzo, las viejas armas de Simeone. Alguna contra contada también salió de ese guión. Pero nada corrigió ya el 0-1. Ni siquiera la expulsión de Correa, que obligó a vivir los últimos minutos en inferioridad al campeón.


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