«Tenebroso balance» del 11-J en Cuba: miles de detenidos y golpeados, y madres desesperadas

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Golpizas, detenciones arbitrarias y procesos sumarios, desapariciones forzadas, torturas sicológicas y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes a los manifestantes del 11 de julio (11-J) de 2021 en Cuba y también presiones y amenazas a sus familiares, es el saldo de los sucesos de ese día. A más de dos meses de las masivas protestas contra la dictadura cubana, miles de personas continúan detenidas en todo el país, otros cientos fueron liberados con medidas cautelares o multas, sin siquiera derecho a la defensa. Prisoners Defenders (PD) en su más reciente informe sobre el «tenebroso balance del 11-J» estima que las cifras de arrestados por el 11-J pudiera estar entre los seis mil y ocho mil, catalogando la situación como «el terror en Cuba». Por su parte, la ONG Cubalex reporta 1.074 denuncias tras el 11-J; de ellos, han sido excarcelados 458 personas y 533 permanecen detenidas, entre estas últimas, se cuentan 15 de 18 años o menos. Las fuentes oficiales se niegan a declarar oficialmente las cifras de detenidos, a quienes catalogan como «delincuentes» y, las protestas, como simples «hechos vandálicos» o «disturbios»; también niegan las violaciones a los derechos humanos y justifican la represión. El 18 de agosto, la prensa oficial informaba un total de sesenta y siete personas procesadas, de las cuales solamente una resultó absuelta, y solo 42 contaron con representación letrada; todos los recursos de Habeas Corpus habían sido declarados «sin lugar». Para PD, el «11-J no ha sido solo un ataque contra el pueblo cubano. Ha sido una agresión contra el ser humano como especie». Los testimonios de las víctimas y sus familiares así lo evidencian. Adolescente juzgada Gabriela Zequeira, de 17 años, el 22 de julio fue condenada a 8 meses de prisión por el delito de «desorden público» mediante un juicio sumario en el que, asegura, muchas ni siquiera contaron con abogado defensor. Gabriela llegó a ser trasladada hacia la prisión de mujeres de Occidente, en donde compartía celda con adultas. La desesperada denuncia de su madre provocó su excarcelación dos días más tarde, bajo medida de reclusión domiciliaria. La adolescente declaró a la prensa independiente que apenas habían presentado pruebas o testigos en su contra; durante su encierro fue interrogada en varias ocasiones sin la presencia de un familiar o abogado, permaneció incomunicada y recibió amenazas incluso de violación sexual por parte de los oficiales de la policía. En un segundo juicio celebrado a la estudiante, a mediados de agosto, se ratificó la condena, pero esta vez para ser cumplida en su casa. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos informa que, entre los 1.306 detenidos desde el 11-J, se incluyen 27 menores de edad. Testimonios escalofriantes «Nos llevaron para la prisión ‘Jóvenes del Cotorro’ (La Habana). Allí el recibimiento fue brutal: al bajar del camión, teníamos que pasar por entre dos (perros) pastores alemanes, que ladraban y amenazaban con mordernos. Luego, entre empujones, entramos a uno de los cubículos, nuestras cabezas mirando al suelo, las manos atrás. Fuimos conducidos al solario del cubículo, pero estaba tan oscuro que no teníamos idea de donde estábamos. A empujones, con las manos a la espalda e inclinando hacia abajo la cabeza, nos ubican de frente a uno de los muros del solario. En ese instante, pensé que podíamos ser fusilados. Después imaginé que nos podían golpear, como terminó sucediendo. (…) Los recibimientos de los nuevos reclusos eran así, luego los iban entrando a las celdas a empujones. Los gritos de dolor o aquellos de los militares para sembrar terror eran punzantes. El sonido de los bastones y otros objetos sobre los cuerpos era horrible», declaró a ABC Rolando Remedios, uno de los detenidos por participar en las protestas del 11-J. El joven de 25 años permaneció veintisiete días encarcelado; su caso se hizo de los más visibles gracias a icónicas fotos que le hiciera el fotorreportero Yamil Lage, durante su violento arresto en las inmediaciones del Capitolio, en La Habana. «La bienvenida que les dieron fue horripilante. Fueron brutalmente golpeados» «En los dos cubículos en los que estuve compartí con presos de La Güinera, esa pobre barriada habanera. Lamenté muchísimo escuchar que un manifestante había muerto y que otros habían sido disparados por las autoridades. La bienvenida que les dieron fue horripilante. Fueron brutalmente golpeados. Un grupo nos dijo que fueron enviados a celdas de castigo por unos cinco días, donde la única agua disponible fue la que llevaban los frijoles o las sopas que tomaron», relata. El 16 de agosto le impusieron un acta de advertencia por «reunirse con elementos antisociale». Aunque Remedios estudia de manera online en una universidad extranjera y en la Alianza Francesa de Cuba, las autoridades consideran que se encuentra desocupado laboralmente. «A la tercera de estas actas dice mi abogado que puedo ser acusado de lo que se llama 'Peligrosidad Pre-delictiva'». Por este delito estipulado en el Código Penal, pudiera ser sancionado a entre uno y cuatro años de privación de libertad; la medida condena a prisión, fundamentalmente a jóvenes, sin que hayan cometido delito alguno, simplemente por las autoridades suponer que son proclives a cometerlos. Dos hermanas, encarceladas Lisdany y Lidiani Rodriguez Isac, dos de las trillizas hijas de Bárbara Isac, fueron arrestadas cuatro días después de las manifestaciones en Placetas, provincia de Villa Clara. Las jóvenes de 22 años se encuentran recluidas en la prision de mujeres de Guamajal, de la misma provincia, en espera de juicio por los delitos de «desacato», «vandalismo», «propagación de epidemias», «atentado» y «desorden público». Desde entonces, su madre no las ha podido ver, solo les permiten una llamada telefónica en algunas ocasiones. Bárbara Isac explicó a ABC que sus hijas le han pedido incluso que les lleve medicamentos, pues a una de ellas le salieron granos en el cuerpo por las picaduras de mosquitos y en el penal no les han brindado la atención médica requerida. Lisdany y Lidiani Rodríguez Isac«Imagínate tú, cómo voy a poderles llevar medicamentos si acá afuera tampoco los hay. Eso por no hablar de la comida y el aseo». La señora cuenta que ella no puede trabajar por padecimientos de salud que se lo impiden, ha tenido incluso que vender ropa suya o de sus hijas, o los alimentos que le dan por la libreta de abastecimiento, para poder subsistir y enviarle suministros a sus hijas a la prisión; «pero eso sí, las tengo que apoyar, así tenga que vender mi casa». Isac ha quedado al cuidado de su nieta, de 3 años de edad, quien constantemente pregunta por su madre. «A veces tengo que pedirle a una amiga que le hable por teléfono como si fuera su mamá, pero la niña apenas lo cree, dice que su mamá no habla así. También le digo que su mamá no viene porque está trabajando en una galletería para traerle bastantes galleticas, ella me dice que no quiere que su mamá trabaje más allí, que lo que quiere es que venga para darle muchos besitos». «La directora de la escuela me mandó a decir que fuera a cobrar, no el mes completo, sino hasta el día 11 (julio), el mismo día de la marcha, y que no podía ir más» Una de las jóvenes trabajaba en una escuela, a raíz de su participación en las protestas, fue expulsada del centro. «La directora me mandó a decir que fuera a cobrar, no el mes completo, sino hasta el día 11 (julio), el mismo día de la marcha, y que no podía ir más. Ella, mi hija, era la que me ayudaba a mí. (…) Esto es una injusticia, un abuso, ellas tienen derecho a pensar lo que quieran, y ellas lo han dicho, que podían condenarlas a cien años por manifestarse, que ese era su derecho», refiere la madre. Convertirlos en colaboracionistas Ángel Jesús Veliz es el único hijo de Ailex Marcano Fabelo. El joven de 26 años fue detenido el 18 de julio en su casa, en la provincia de Camagüey. Un vídeo de la protesta muestra a Veliz caminando por la vía pública junto a cientos de manifestantes pacíficos que gritaban consignas como «Libertad« y «Patria y Vida». Actualmente se halla recluido en la prisión de máxima seguridad de la provincia conocida como Kilo 8, acusado de «desorden público». «Me siento con una incertidumbre total, desamparada. Ya son más de sesenta días en esta situación, apenas puedo dormir. Es terrible, agobiante. Me siento minimizada, sin derecho a nad», confesó Ailex Marcano a ABC. La madre explicó además que la Seguridad del Estado había intentado captar a su hijo, con la intención de que este colaborara con ellos, delatando a otros manifestantes o infiltrándose en futuras iniciativas similares. Veliz se había negado a hacerlo y por eso, opina la madre, es probable que se hayan ensañado con él. Hace pocos días, Ailex supo que a todos los detenidos del 11-J en Kilo 8 los habían ubicado junto a presos comunes. «Ya se puede imaginar la preocupación. Ahí él está con al menos tres hombres que cumplen condena por asesinato (…). Todo eso tiene una repercusión tanto moral como física y sicológica para mi hijo, que no tiene antecedentes penales». Destruir a las familias Marcano asegura que los familiares y vecinos que la han apoyado han sido hostigados por la Seguridad del Estado. Este órgano represivo intentó igualmente ponerla en contra de su hijo, algo que ella rechazó: «Yo sé quién es él, yo sé los valores que le inculqué y nada de lo que me decían sobre él era cierto. El objetivo es ese, destruir, destruir incluso a las familias». Para esta desesperada madre, aunque su hijo esté tras las rejas «es mi gran orgullo y voy a seguir adelante hasta verlo libre; eso es lo que pido, libertad para mi hijo y todos los manifestantes del 11 de julio. No podemos olvidarlos».

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