Un pelotazo devolvió a Oblak

El pelotazo de Elonga, solo dentro del área chica, le golpeó violentamente en la cabeza. Una parada nada convencional, sin intención posible, pero reconvertida en milagro. Esos tan frecuentes en otros tiempos y que se echaban de menos. El sello característico de Oblak, el guardameta portentoso, cuya misteriosa desaparición nadie había conseguido explicar. Su primera acción parecía confirmar su ausencia, una salida blanda, dubitativa, en un salto con toda la ventaja también ante Elonga, el mismo demonio que ya le había anotado, y sonrojado, en la ida. Pero tras ese trallazo que le sacudió la cara, Oblak volvió. El accidente recuperó su mejor versión: seguridad, paradas, mando. Un portero. Quien no se había ido nunca es Joao Félix. Su problema era que su jefe no creía en él. Y no lo ponía. O si lo ponía era para esperarle con algún reproche. O para intentar cambiar su forma de jugar. Hasta que hace un mes decidió encomendarse a sus virtudes y aceptar sus limitaciones. Y resulta que con confianza y minutos, el luso resuelve y decide. Ya sea culminando las repentinas combinaciones rojiblancas con ganas de ataque (pocas) o inventándose un taconazo para agujerear al rival. Quien también volvió fue el Atlético, el de Simeone, el que se busca la vida encerrado atrás y mordiendo a la contra, el que disfruta jugando con fuego, dejándose dominar y corriendo en un ejercicio de defensa coral, en el que Griezmann participa como el primer soldado. Fue así, sufriendo y sudando, con el agua al cuello hasta el minuto final, despreciando la posesión y creyendo en Oblak, como subió sus mejores escalones de Champions. El United no le hizo tanto daño como otros gigantes, pero acabó igualmente en el suelo. Y quien ya se ha ido es Cristiano, el goleador insaciable, especialmente contra el Atlético. Pero la edad (37), como a Messi, no le deja más. Su mejor tiempo ya pasó.

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