El Madrid de Ancelotti sufre y sabe reaccionar

Oops...
Slider with alias none not found.

El Madrid está haciendo partidos largos en los que se ve todo lo que es y también lo que puede ser. Sufre como un veterano, remonta como un joven y se sabe revolucionar al ritmo nuevo de Camavinga y Vinicius. Es una mezcla de problemas y de soluciones en un solo partido. Ancelotti está sabiendo reaccionar, perfecto de reflejos. Regresaba Hazard y con él el 4-2-3-1. El Madrid estrenaba tercera equipación, misteriosa, un verde que no es medicinal sino que azulea hasta no saberse bien si es mar o cielo. De lejos parecía un horizonte azul Capri. La tercera equipación parece decir algo sobre la suerte de la temporada. El Valencia, cambiado por Bordalás, un entrenador que parece llevar quevedos, había perdido a Gayà y al poco de empezar perdió a Soler; su banda izquierda entera, sus mejores jugadores, héroes recientes para Luis Enrique. Todo lo que empujaba el Valencia con la presión lo devolvía atrás Vinicius con sus carreras, que empezaban en el lateral izquierdo y acababan en la frontera del extremo diestro. Esto, sin embargo, era todo lo que le iba a dejar el Valencia durante largo tiempo: atacar hacia dentro, hacia el interior. El marcaje fue intenso, minucioso y no renunció a la falta. Con Vinicius engrilletado y Valverde liberado de Soler y Gayà, el Madrid cargó el juego más por la derecha. Hazard volvió a mostrar una mejoría intrigante, sugestiva, que se expresa sobre todo en primeros toques perfectos, como si presentara un reposapiés acolchado para las necesidades de los compañeros. Se convierte en un intermedio lujoso entre Benzema y Vinicius, una interesante mediación. Intentó un regate en ruleta y volvió a hacer esas paradas secas con media vuelta en las que se detiene y gira como un coche que huye de la policía en las escenas de persecución. En el combate físico de dos equipos pletóricos, Modric parecía un anacronismo, alguien jugando un fútbol antiguo, distinto. El partido estaba bonito, el ritmo era altisimo, los dos equipos gustaban en una explosión de carreras y sudor y fueron los músculos, aciagos, los que avisaron, como devolviendo las cosas a su lugar. Tras la lesión de Soler llegó la del portentoso Correia, que cayó cuando en un forcejeo insospechado, Hazard le cargó como un toro al caballo del picador. Después le tocó a Carvajal, un problema ya habitual del Madrid del que se habla poco porque no juega al golf. Tras esos minutos de procesión hacia el linimento, el partido decayó en un realismo más reconocible, sin mengua de mérito para los dos equipos. Lo más bonito, sin embargo, era ver a Modric salir de la presión bordalasiana como si fuera un cervatillo brincando para huir del acoso organizado de los depredadores. El Valencia obtuvo ahí la mejor ocasión de la primera parte, a balón parado, un cabezazo de Paulista que no sorprendió a Courtois, mejor colocado que un liberalio. Al volver del descanso, Guedes tuvo otra ocasión clara. La reconstruida banda derecha, Foulquier-Musah, ya no se contentaba con detener a Vinicius. Sobre el Madrid caía por momentos un aguacero de presión y energía parecido al del Inter. Esos arreones del Valencia traían la memoria de tantos arrebatos de fútbol en Mestalla. Bordalás conecta con una vena valencianista, la de del equipo ‘bronco y copero’. Aquello era un carácter, un agonismo más bien improvisado, y esto es pura organización, concentración colectiva y preparación física sistemática. Pero el Madrid resistía; como en Milán, se dedicaba a apretar los dientes y bajar la cabeza, sin otra claridad pelotera que Modric, pero aplicado en pasar los peores minutos. Era el ‘saber sufrir’ del que habló Ancelotti, pero cuando parecía que el Valencia aflojaría y que con el ácido láctico surgirían los espacios y posibilidades, Hugo Duro, cuña de la misma madera, marcó en una jugada a balón parado en la que Lucas, como un cuerpo fuera de elemento, volvió a hacer algo extraño. ¿Puede una defensa ya de por si dudosa ir por la vida con Carvajal, un jugador frágil del que no se dice que es frágil, y Lucas, un no-lateral, en el lateral derecho? . Entraron Camavinga y Rodrygo, ya no para refrescar y sorprender, sino para remontar. Hubo un carrusel de cambios del que el Madrid salió desfigurado, ofensivo, quizás endeble. Pero Ancelotti reaccionó rápido, ojo, y poniéndolo todo. Entró la urgente flema de Isco y el Valencia metió más músculo, altura, fuerza, y además fue jugando con el segundero. Los árbitros quieren perseguir ahora la pérdida de tiempo, ¡ojalá esos árbitros nos persiguieran también a nosotros! Fueron importante las conducciones de Isco, metiendo al Madrid arriba, poniéndolo en contacto con la pelota. Esa función de especialista único justifica su lugar. Tras unos ataques insistentes, Benzema hizo de nuevo de clarividente en el minarete del área y se la dejó a Vinicius, que marcó con su recurso antiguo del rebote en el rival. Unos minutos después, y constituida ya la sociedad, Vinicius se la devolvió y su pase lo remató Benzema con el hombro (1-2). El empuje generacional de Vinicius y Camavinga ya es una realidad que reanima al Madrid cuando antes no encontraba solución.

spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí